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NÚMERO
29- ABRIL 2005
Hantavirus
LOS VAGUITOS
Ayelén tenía 11 años y era la princesa del
corso de su barrio. Murió víctima del virus que transmite
las ratas. Historia de una enfermedad que desnuda el abandono del
Estado y que tiene como principal responsable a la desidia y la
negligencia de los funcionarios.
Cuando Génesis
Ayelén Pini falleció en el Hospital de Niños,
hubo quienes no quisieron que se supiera que el hantavirus se había
cobrado una nueva víctima. El parte de defunción decía
"trastorno pulmonar". Sin embargo, al día siguiente
la ciudad volvió a conmocionarse con otra muerte causada
por esa enfermedad letal que, si se hubiese prevenido adecuadamente,
no se hubiera quedado con la vida de once personas de la región
desde que se produjo el primer caso, en 1998.
El hanta
"El ratón encontró buen alimento y se quedó",
dice Emilio Cecchini, médico epidemiólogo y titular
de la cátedra de su especialidad de la Facultad de Medicina.
El virus es un viejo conocido en la ciudad: hizo su aparición
en 1998 en los márgenes de la región. Desde ese momento,
nunca se detuvo. Desde el primer caso hasta la fecha, llegan a 47
los infectados en el partido de La Plata, una cifra récord
en el país y muy llamativa si se tiene en cuenta que es una
enfermedad más propia del medio rural que del urbano. Cecchini
vislumbra dos causas centrales para explicar el fenómeno:
la primera es que "el ratón migra y la gente de la periferia
va extendiendo sus poblados a zonas semi rurales; entonces crece
la probabilidad de contagio". La segunda, es que cuando hay
un enfermo se conoce enseguida ya que "La Plata es un lugar
donde se diagnostica bien y rápido, cosa que no sucede en
otros sitios".
El hantavirus es una enfermedad viral bastante normal en los países
asiáticos. Recién a mitad del siglo pasado se conoció
en nuestro continente. El virus asiático provoca una disfunción
renal y es de fácil curación, pero el tipo de virus
que se propagó por América ataca el aparato respiratorio,
lo que hace más complicado su tratamiento y provoca la altísima
tasa de mortalidad. "Como el hanta está ligada a la
población de roedores, se transmite por contacto, por aspiración
de la orina o el excremento del ratón colilargo. Es una enfermedad
que se caracteriza por empezar como una gripe; puede haber diarrea
y después rápidamente comienza la insuficiencia respiratoria.
Si el paciente no tiene una buena asistencia respiratoria en un
servicio especializado, lo puede llevar a la muerte", explica
Cecchini.
Si bien el hábitat natural del ratón colilargo es
el medio rural, se ha ido adaptando y ha aparecido en los suburbios
olvidados de La Plata. "Es que ahí tiene alimento. El
Hantavirus -comenta Cecchini- es una enfermedad emergente, lo cual
significa que no existía antes y que es de connotación
netamente ecológica. La relación con la pobreza no
es el factor directo, porque antes había pobres y no había
hanta. Lo que pasa es que los ratones migraron y se dieron las condiciones
ecológicas como para ese contacto".
Prevenir
y curar
La ciencia no ha encontrado un medio eficaz de combatir el hanta.
Ni vacuna, ni suero antiviral se han hallado, por lo que lo único
que puede hacerse es detectar el caso a tiempo y, sobre todo, hacer
hincapié en la prevención. Justamente es éste
aspecto el que más polémicas genera.
El barrio El Retiro, en Olmos, es hogar de varios carreros y cartoneros.
En una de las calles de tierra que cruzan el barrio de casas de
chapas y madera, jugaba hasta hace pocos días Ayelén
Pini, la niña de 11 años que murió de hantavirus.
"Me parece bárbaro que arreglen las avenidas céntricas
de la ciudad, pero estaría bueno que vengan y nos hagan una
callecita acá en el barrio", remarca Germán Farías,
docente de la escuela para adultos que funciona en el Comedor El
Charquito que funciona en calle 52 y 162, a sólo 300 metros
de donde vivía Ayelén, y agrega: "acá
tenemos el problema del arroyo Pérez que atraviesa todo el
barrio y los chicos juegan en él. El arroyo es un nido de
ratas. Me contaron que han estado mirando porque la Municipalidad
puso cebos y se los han devorado a todos. Ese arroyo se inundó
hace 6 ó 7 años y después se dragó,
pero no tiene una limpieza permanente. Ahora está lleno de
pasto".
Unos días después de la muerte de Ayelén, los
vecinos juntaron firmas e hicieron una movilización hasta
el palacio municipal para exigir la apertura de una sala de primeros
auxilios, ya que la más cercana se encuentra a 15 cuadras
de allí. Pero también "hace falta que pase la
red de agua, ya que la prevención del hantavirus es la higiene
y sin agua no tenés higiene", concluye Farías.
La Municipalidad cuenta con una subsecretaría que coordina
un programa de prevención de las enfermedades y que dirige
el doctor Juan Marone. La tarea que lleva adelante consiste básicamente
en la visita a los barrios en donde se detecta la enfermedad para
informar a los vecinos sobre la manera de prevenir el contagio,
y para repartir el veneno roenticida para colocar en el interior
de las viviendas y en los terrenos baldíos o descampados
donde se haya avistado al ratón.
"Trabajar en prevención significa tener pocas alternativas
en el sostén del trabajo porque siempre apuntamos sobre el
impacto y una vez que dejó de ser impacto, hasta la propia
comunidad nos da la espalda", explica Marone, y enumera algunas
medidas útiles para evitar el contagio: "tratar de mantener
todo limpio; evitar los pastizales y la acumulación de basura.
Potencialmente donde vemos un roedor, tenemos que pensar que está
infectado. Si lo tratamos como un infectado, no lo vamos a agredir,
vamos a poner raticida donde lo vimos. Esa es la primer medida,
después intentamos evitar que el ratón entre en las
casas. El roedor se va acercando donde hay agua, comida y abrigo.
Si le sacamos esas cosas, no se acerca".
Según explica el funcionario, "el municipio viene trabajando
desde el año '98 con el primer caso que sucedió en
Abasto. Al principio no teníamos una organización
de trabajo para la prevención; lo fuimos haciendo con la
región Sanitaria XI. Pero al mismo tiempo estaba la otra
parte que es la comunidad que desconocía la enfermedad y
que no le tenía miedo al ratón. Ahora mismo hay personas
que te dicen que un roedor no los puede matar; es más, te
dice que siempre vivieron así y que no les pasó nada.
O sea hay cuestiones culturales que tenemos que cambiar", enfatiza
Marone.
Para Germán Farías, sin embargo, el cambio debe estar
en otro lado: "Nos ha costado muchísimo solucionar el
tema de la basura. Acá no venía la empresa 9 de julio
a recolectar los residuos, había basurales y la gente estaba
acostumbrada a quemar la basura o a tirarla allí. Nosotros
laburamos todo esto con la facultad de Ciencias Naturales, erradicando
algunos basurales y logramos que la empresa pase... Fue después
de mucho esfuerzo. Acá le hemos pedido caños a la
delegación comunal de Olmos para entubar las zanjas y nunca
nos los han dado. Así es difícil. Las zanjas las hemos
hecho nosotros. La delegación mandó una sóla
vez una cuadrilla para hacer zanjas... Estuvieron una tarde y no
volvieron más. Todo esto lo hicimos nosotros con la gente
del barrio".
La muerte
de la princesa
Cuando murió Ayelén, en las tapas de los diarios locales
convivía la noticia del rebrote del virus con la escandalosa
expulsión del delegado comunal de Olmos, Carlos Mársico,
en el marco de la interna del Partido Justicialista. Mársico
salió favorecido por los vecinos en las elecciones que se
hicieron en el 2000, pero ahora se había distanciado de Julio
Alak. Y desde hacía años, de los vecinos que lo habían
votado.
Graciela Bozzolo es la encargada de alimentar diariamente con una
copa de leche a 73 pibes de El Retiro. Fue la impulsora de la murga
"Los Vaguitos" y la férrea organizadora del carnaval
de la calle 162. Pero la comparsa perdió una integrante:
Ayelén, la protagonista y "futura princesa del corso"
bailó por última vez el sábado 19 de febrero.
"Acá hay un responsable de esa muerte, más allá
de que nosotros no conociéramos la presencia del ratón:
es el delegado comunal, porque el abandono del barrio es por su
culpa. Después la escalera va subiendo y encontrás
al director de todas las delegaciones y después al intendente.
Pero al que nosotros recurríamos era al delegado, porque
era el responsable de la zona", reflexiona esta madre de 8
hijos y abuela de 14 nietos.
Graciela vive enfrente de la precaria casilla de la familia Pini.
En el momento que La Pulseada dialogaba con ella, los hermanitos
de Ayelén correteaban en el amplio patio delantero, ya que
los padres permanecían en el Hospital de Niños aguardando
los resultados de los análisis hechos al miembro más
joven de la familia, de apenas 11 meses de vida.
"Ahora se vino a descubrir que jamás hubo un pedido
ni de veneno, ni de lavandina ni de nada. Nunca el delegado de Olmos
pidió nada a la Municipalidad, a pesar de los constantes
reclamos que le hacíamos los vecinos. El costo es para ellos
por el resto de sus vidas", prosigue Graciela.
Cuando Olga Vázquez y su hija murieron de hantavirus (ver
recuadro) en el 2002, los vecinos también acusaron al delegado
comunal de darle la espalda a los constantes pedidos de desratización
y desmalezamiento. "¿Cuántos chicos más
tienen que morir, - pregunta Graciela- para que alguien nos escuche?
Ahora viene todo el mundo y sobra gente porque murió una
persona, pero no queremos que esto pase de nuevo; hay que hacer
prevenciones en otros barrios".
"La prevención es la rama de la medicina más
indigna, porque estamos trabajando sobre algo que no apareció
y para los políticos significa poner plata para algo que
no sucedió", reconoce Marone, único funcionario
municipal del área de Salud que se acercó a El Retiro
para instruir a los vecinos sobre cómo protegerse del virus
letal.
"Cuando vino el médico yo le pregunté qué
posibilidades de enfermarnos hubiéramos tenido si nosotros
hubiéramos tenido el arroyo y los terrenos limpios y él
me dijo que tendríamos un 80% a favor de no tenerla. Por
eso digo que hay un delegado que es culpable. Si todo este desmalezamiento
que habíamos pedido se hubiera hecho, si tuvieramos agua
potable...", se lamenta Graciela.
El corso popular del barrio se suspendió y Los Vaguitos guardaron
la ropa de la murga que los hizo feliz por unas noches. No hacían
falta las máscaras que ocultaran la identidad de ricos y
pobres en ese carnaval auténtico. La muerte se coló
en el baile.
Se llena de lágrimas la mirada angustiosa de Graciela. Se
llena de penas el barrio por la pérdida de su futura princesa.
Daniel Mapelli
La presencia de Olga
En la calle 60 entre 10 y 11, un cartel amarillo marca la entrada
del Centro Social y Cultural Olga Vázquez. El edificio, una
vieja escuela ocupada por los integrantes del Movimiento de Unidad
Popular (MUP) busca rescatar del olvido a la incansable luchadora
social que falleció en 2002 junto a su hija infectadas por
el hantavirus. "Olga fue una de las iniciadoras de la gestación
del MUP, a través del laburo que hicieron con la Cooperativa
El Progreso", rememora Marcos Bralo desde el patio del Centro
Social.
Corría julio de 2002, el peor año registrado en la
ciudad por la asombrosa cantidad de casos de Hanta, y la hija menor
de la familia Valdéz empezó a tener fiebre. Luego
de internarla en el hospital, la niña falleció y los
médicos tardaron varios días en diagnosticar que había
sido contagiada por el ratón colilargo. Pocas semanas antes,
en un aras cercano a El Peligro, un veterinario que venía
de Buenos Aires a realizar curaciones en los caballos, cayó
fulminado por una insuficiencia respiratoria aguda. Los análisis
del Instituto Malbrán determinaron que el causante de su
muerte y la de su hijo había sido el mortal virus Hanta.
Olga Vázquez de Valdéz no pudo ni siquiera despedir
a su hija: murió aquejada por la misma dolencia. El caso
conmocionó a la ciudad y el barrio explotó de furia.
El corte de la ruta 2 hizo que los funcionarios municipales se acercaran
a escuchar los pedidos que los vecinos ya habían hecho al
delegado comunal.
El caso se compara al de la reciente muerte de Ayelén Pini:
luego del drama de la familia de El Peligro, los vecinos se enteraron
que ninguno de los pedidos de desratización que les habían
elevado a la delegación comunal, habían sido cursados
a las áreas municipales correspondientes. "Así
como están Kosteki y Santillán o Aníbal Verón,
también está Olga Vázquez, que fue una compañera
-agrega Alejandro Bértola, del MUP- que cayó en la
lucha. Aunque no se haya tratado de un enfrentamiento policial,
Olga murió por la negligencia del Estado y por eso le pusimos
el nombre a este lugar".
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* Se autoriza la reproducción total o parcial del contenido,
citando la fuente y remitiendo un ejemplar de la publicación
a La Pulseada.
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