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NÚMERO
29- ABRIL 2005
Desnutrición
LA MÁQUINA DE SILENCIAR
Ciudad esquizofrénica La Plata: universitaria y sinónimo
de excelencia médica, ostenta nueve hospitales, más
de cuarenta unidades sanitarias, varios programas de ayuda nutricional,
cientos de comedores comunitarios. Pero esconde en sus márgenes
a un sinnúmero oficial de familias sin trabajo, sin luz,
gas, agua o cloacas, sin acceso a verdura, carne o lacteos, que
se inundan o tienen frío, con sus muchos hijos sin vacunas,
control asistencial, tratamiento adecuado...
Cuando hace dos años murió por desnutrición
Alex Bazán, un nenito de dos años y medio, desde La
Pulseada preguntábamos quién lo había matado.
Como esbozo de respuesta, intentaron dibujar estadísticas,
improvisar soluciones, cambiar figuritas; se hablaba de ir casa
por casa, se hablaba y negaba... sobre la bocas calladas de los
padres sin consuelo. Hasta que por fin los padres pudieron hablar
y hacer: acercaron el móvil sanitario municipal para relevar
a los chiquitos desnutridos en riesgo, para ver si evitaban el eterno
retorno. Y relevaron lo evidente: en el Oeste y Sur, dos de cada
diez chicos sufren bajo peso; tres de cada diez no fueron atendidos
en los últimos seis meses ni recibieron las vacunas obligatorias,
ni reciben cobertura nutricional adecuada. Datos oficiales de los
que el oficialismo no se hace cargo.
El informe que sigue intenta narrar lo inenarrable, lo intransferible,
el cínico deja vù de los casos aislados para los responsables
de siempre, dar nombre a los sin nombre que deben elegir entre vivir
y crecer en una ciudad que les tapa la boca.
Por Verona Demaestri
Fotos: Tatiana Zlatar
"Quien venga aquí y no se indigne, quien venga aquí
y no se alce,
quien pueda ayudar de cualquier manera y no lo haga, es un canalla"
Jorge Ricardo Masetti
Pero ni siquiera
fueron. Para algunos El Futuro, nombre eufemístico de un
barrio que está a 15 cuadras de la salita más próxima
o del Hospital de Romero, parece quedar demasiado lejos. Sólo
enviaron mercadería durante un mes a la casilla vieja, esa
piecita en 163 y 529 donde vivía Alex Bazán, y siguen
viviendo sus padres y sus ocho hermanos. Hay que caminar diez cuadras
de tierra y atravesar un puente improvisado con tablones encimados
a destiempo sobre un arroyo sucio, para por fin llegar a la casilla
nueva. En ese arroyo, unas cuantas cuadras hacia la 155, hace poco
murió una nena. "Dijeron que iban a hacer un puente
de cemento, hasta le sacaron fotos. Y sigue peor, lo arreglamos
nosotros mismos con unas maderas. Cuando llueve sí o sí
tenemos que salir por este puente. A los chicos no los dejamos ni
arrimar". Los nenes Bazán-Ríos viven a unos diez
metros de ese arroyo.
La casilla nueva, también de madera pero con base de ladrillo,
está anexada a la vieja que se llovía todo y teníamos
que andar corriendo las camas: funciona como pieza de los chicos,
gracias a la rifa organizada por una mujer que se apiadó
después de lo del nene.
Y aunque lo del nene le llevó dos años, más
temprano que tarde Antonio Bazán decidió hacer ruido.
Cuando Alex murió de hambre, su papá quedó
mudo de entendimiento, y su mamá, Gladys Ríos, invisible
de palabras. Quedaba activado el silenciador que invisibiliza: los
habían dejado con el peso de esa muerte y con la impotencia
de no poder evitar que alguna vez se repitiera; los responsables
negaban la causa para negar la consecuencia.
"Descartamos terminantemente que haya fallecido por desnutrición",
decía José Luis Mainetti, el entonces Secretario de
Salud del Municipio y hoy Coordinador de la Región Sanitaria
XI (que abarca desde Chascomús y Dolores, hasta General Belgrano
y Punta Indio, con sede en La Plata).
Antonio tiene la mirada intranquila, impotente bajo el pelo teñido
de dorado bostero. Ahora sí le incomoda el silencio, y habla:
"Cuando leí que decía eso, me dio una impotencia...
Fui una vuelta y hablé con el secretario, pero no me atendió.
Quería decirle lo que me pasó a mí y lo que
pasa, porque... Decían de Tucumán, pero acá
es lo mismo. Uno va y golpea solo y no le dan bolilla. Pienso que
ellos son un ser humano también, y tienen que saber que los
chicos pasan hambre... Saben, miran para otro lado. Dicen que no
saben, pero pienso que saben".
-¿Antes
de lo de Alex, ya habías ido a golpear?
-Sí, estuve en la Municipalidad para pedir trabajo o lo que
pudieran. Estaba mal mal porque no tenía nada nada y me dijeron
que no me podían dar; de ahí me mandaron para Acción
Social. Ahí en calle 55 me dieron un arroz, una polenta y
le dije: "¿Cree que con esto le voy a dar de comer a
mis hijos? Ustedes se me están riendo en la cara". Me
fui mal mal y les dije: "Yo no les quiero pedir nada a ustedes
y me da vergüenza venir; nunca lo hice cuando tenía
trabajo, pero ahora no tengo. Díganme qué hago si
mis hijos me piden para comer". Me cansé y no fui más.
Yo pienso, si ni siquiera los escuchan a los médicos de la
salita que atendieron al nene, por qué me van a escuchar
a mí. Hace poco, en una nota del diario, le dije al intendente
que quiero que vengan, para que vea cómo estamos. La habrá
visto y hace de cuenta que no ve.
Los que sobreviven
En noviembre y diciembre del año pasado, once comedores del
Movimiento Barrial Octubres de la CTA, lograron hacer un relevamiento
con la ayuda del Consultorio Móvil Pediátrico del
Municipio. Obtuvieron números de zona Sur y Oeste sobre daño
nutricional, vacunas obligatorias incompletas, patologías
diagnosticadas, y cobertura del Plan Más Vida que debería
atender a todos los niños de 0 a 6 años. Antonio Bazán
organizó el relevamiento de El Futuro porque "No quiero
que pase más, ni a mí ni a nadie".
Casi el 13% de los chicos controlados en El Futuro tienen bajo peso.
Cerca del 40% no fue asistido sanitariamente en los últimos
meses, ni recibió las vacunas obligatorias; ese mismo porcentaje
fue diagnosticado por alguna patología.
El "Informe sobre salud y daño nutricional en la población
infantil de La Plata", producto del relevamiento en los barrios,
elaborado en base a datos oficiales y presentado en diciembre último
en la Universidad de La Plata, detectó un 11,7% de chicos
entre 0 y 14 años con desadecuación de peso o talla
para su edad.
"Desnutrición es tanto la forma aguda de carencia nutricional
con riesgo inmediato de vida, como la incapacidad para alcanzar
el potencial genético de crecimiento", define el Informe
y agrega: "Es un proceso continuo que comienza cuando un individuo
no tiene una ingesta suficiente, que progresa a través de
una serie de cambios funcionales que intentan restaurar el equilibrio
entre ingesta y necesidad. Esta acomodación precede a la
aparición de alteraciones en la composición corporal.
Cuando se agotan las reservas del nutriente deficitario, aparecen
cambios metabólicos adaptativos. A diferencia de la acomodación,
la adaptación tiene una connotación patológica".
"Un chico que está desnutrido ya tiene daño nutricional,
no está en riesgo nutricional. Está en riesgo de enfermarse
y de morirse. A las cosas hay que llamarlas por su nombre",
aclara Susana Ortale, antropóloga del CEREN, Centro de Estudios
de Rehabilitación Nutricional y Desarrollo Infantil de la
Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia.
-Es terrible que deban adaptarse al medio de esa forma...
-Es mejor eso y no que se mueran. Hace algún tiempo trabajé
con 50 familias con desnutrición y 50 sin desnutrición.
En las que tenían desnutrición había muchos
chicos que se habían muerto, pero ¿cuál es
la calidad de los chicos que sobreviven? El tema es el handicap
con los más acomodados.
En su libro "Los doce que sobreviven", Robert Myers invirtió
la tasa de mortalidad infantil, recordando que "en el mundo,
por cada chico que muere, hay doce que sobreviven. Pero éstos
deben sobrevivir para algo. Porque sobrevivir debe ser tener una
vida digna y analizar ésto es entrar en el campo de las diferencias
sociales".
Los desnutridos ocultos, los petisos sociales, los gordos de la
pobreza, los miles de la generación de la cuchara que se
alimentan a farináceos en los más de 5 mil comedores
que hay en el país, son candidatos a la obesidad, la hipertensión,
la diabetes, cuentan con diez años menos de vida adulta,
y al lucir saludables no son detectables por las mediciones.
El cercano
Oeste
Carina Rivero, alias La Pitufa, tiene el timbre de voz y la estatura
de una nena. "Estoy gordita pero mirá mi hija... hermosa,
¿no?", chilla señalando a Soledad de 17 años,
con su bebe Lucas en brazos, y tiene razón. Es brava La Pitufa:
"por los pibes, mamita, soy capaz de cualquier cosa".
Los Pitufos, el comedor que capitanea en Santa Ana, integra el Movimiento
Octubres. Ella, 17 mujeres y un varón, lo trabajan hace tres
años. Setenta familias se llevan la vianda tres días
por semana. La copa de leche funciona por la mañana, de lunes
a viernes. También se las arreglan para dar apoyo escolar
y pronto tendrán una panadería.
"Una vuelta llegamos a darle vianda a 235 personas. Acá
es por tanda. Cuando se larga el cobro del Plan baja el número,
pero hay algunos que ya son fieles", sonríe La Pitufa.
"O cuando hacés una cosa rica como empanadas o tallarines,
¡uuuuuuy la cola! Se pasan la voz".
-Los chicos deben ir a más de un comedor entonces...
-Sí, vos ves a los nenitos ir en procesión hasta allá
con el taper. Capaz que ni lo lavan y vienen con el mismo taper
acá... ¿Qué les vas a decir? ¿"No
te doy porque comiste en otro comedor"? Los comedores del PJ
tienen bolsas y bolsas de mercadería, pero no llega a la
olla. Me da bronca, para algunos tanto y para otros nada. Igual
nosotros acá hacemos una vaquita para carne, verdura, pan.
Pero no llegamos a dar todos los días: martes y jueves no
hay comedor y yo me voy a dormir pensando "¿Y qué
comen esos pibes?". Por ahí vienen acá a buscar
la leche y te dicen "¿hay comedor?" ¿¡Sabés
qué feo decir "no papito, hoy no hay comedor; hay mañana"!?
"Este fue el primer comedor donde vino el móvil sanitario.
Controlamos 95 chicos y quedaron sin controlar muchos", cuenta
Roxana Arévalo, encargada de Salud de Los Pitufos.
-¿Preveían el resultado?
-Y sí, nosotros lo veíamos porque los chicos de bajo
peso eran los que estaban viniendo al comedor. Hoy, por ejemplo,
vino una de las mamás que tiene el chico con bajo peso diagnosticado
por el móvil sanitario. La derivaron a la salita Nº
34 que queda a 8 cuadras y el doctor le dijo que el diagnóstico
del móvil no le sirve.
"La salita dice que ellos trabajan de una manera y el móvil
de otra, como diciendo que lo que hace el móvil no interesa
nada y ellos son los que saben todo", se enoja La Pitufa. "Y
supuestamente los dos salvan vidas, ¿no? Ese chico está
bajo de peso, tiene parásitos, tiene granos por todo el cuerpo,
la mamá está casi de nueve meses y también
está desnutrida".
-¿Cuando vino el móvil, hablaron entre los médicos,
coordinaron el tratamiento para que se sostenga en el tiempo?
-Que sepamos, no, pero los datos salieron en el diario, el doctor
de la salita tiene que saber. No entiendo por qué si el móvil,
que es del Municipio hace el diagnóstico y deriva a las salitas
que también son del Municipio, te dicen que esos listados
no son verdad. Es terrible... El móvil derivó al Hospital
a un chiquito con problemas cardíacos. Dijeron que era "de
ur-gen-cia". La mamá sacó turno y le dieron para
mayo.
En el comedor Volver a Empezar, de San Carlos, cuentan otra experiencia
y dejan en claro que el propio Municipio no planifica qué
hacer con los datos relevados por el propio Municipio. Así,
la carga se traslada a la buena o mala voluntad de los ya desbordados
médicos sanitaristas.
"El comedor queda a 6 cuadras de la salita. El pediatra es
buenísimo, Di Loretto. Cuando estuvo el móvil, le
presenté las planillas que habíamos hecho y me dijo
que era un muy buen trabajo. Las desconocía. Le pedí
que nos abriera un consultorio para estos chicos derivados del móvil
y me dijo que sí", cuenta Adriana Coracci, responsable
del comedor.
"Cuando se fue el móvil, en la salita detectaron dos
chicos con grado III de desnutrición que quedaron fuera del
relevamiento... Nunca se llega. De los programas asistenciales que
existen, no sirve ninguno, porque en una familia de diez pibitos,
uno está desnutrido, pero los otros están al borde.
Tenés que asistir a la familia porque no te sirve de nada
levantar a uno y que se te caigan nueve. Cualquier plan debería
atender a la familia y hoy ninguno lo hace", dice Adriana.
-¿Por qué te planteaste organizar el barrio?
-Yo antes no participaba en la política... pero tengo memoria.
A mí me preguntan qué pasó mientras estaba
Menem y yo me acuerdo. En mi barrio vivo hace 25 años. Ahí
los asentamientos se hicieron en esa época. La gente vive
como en palomar, son cuevas, es tierra de nadie. Ahora sí
participo porque creo que si uno no discute política y trata
de hacer algo para cambiar las cosas, la discuten y las hacen por
uno.
Sur o no
sur
"Lo que pasa es que nuestras familias son muy numerosas...
Arranca llorando uno y terminan llorando todos", dice Isabel
Benítez, una de las heroínas anónimas de la
Casa de los Bebés del Hogar de Carlos Cajade en barrio Aeropuerto.
Y conoce el paño, lo sufre. De los 64 bebés que atiende
la Casita, cinco están desnutridos de gravedad.
En el informe ¿Quién mató a Alex Bazán?
(La Pulseada N°11), una de las notas destacaba que Yamile, un
nenito que había llegado con grado III de desnutrición
a la Casita, había gambeteado la muerte. No fue un caso aislado:
"Abril Daneri, la primita de Yamile, está desnutrida.
Arrancó acá este año; ahora tiene ocho meses.
Cuando llegó no tenía manejo de su cuerpo. Uno de
sus dos hermanitos, el Alexis, está desnutrido también.
A él lo tenemos desde el año pasado. Tiene dos años
y medio y nos cuesta recuperarlo. Pero por otro lado, la hermanita
de Yamile, Camila Daneri o la Tuni, que vino tan destruida, hoy
por hoy te tira de los brazos, te muerde, te mete los mocos en la
boca. Es una guacha, está hermosa".
-De los seis años que llevás en la Casa de los Bebés,
¿ahora ves más casos de desnutrición?
-Sí... A Rodrigo, por ejemplo, le agarraron tres paros cardíacos
antes de internarse. Llegó a la Casa de los Bebés
con 6 meses y 2 kilos 300. Estuvo en coma como 15 días. Cuando
le agarró el paro estaba acá. Casi un mes estuvo en
terapia y yo lo iba a visitar todo el tiempo; ahora está
internado con la mamá, esperando que termine el paro de médicos
para poder operarlo. Los cuatro hermanitos estaban con bajo peso
cuando los recibimos. Milagros, la melliza, tenía 6 meses
y 4 kilos. Ella y Rodrigo tenían desnutrición grado
III diagnosticada en el Hospital de Niños. El Rodri estuvo
tan mal que el cura decía: "vamos a bautizarlo porque
se nos va". Pero además de desnutrición se ve
más deterioro. Antes por ahí las personas la peleaban
de otra manera, decían "Oh, esto no puede ser",
y hoy es un acostumbramiento total. Eso hasta te corta el diálogo.
-Cuando les decís a las mamás que los nenes tienen
bajo peso, ¿ellas lo reconocen?
-Saben, saben.
-¿Pero lo aceptan?
-Creo que ninguna mamá lo va a aceptar. El año pasado
entrevistamos a tres mamás cuyos chicos murieron por desnutrición.
Y se pusieron a llorar. Decían que se sintieron la peor basura
que puede haber; tienen cargo de conciencia pero es la misma imposibilidad
que los lleva a eso. Estaba el cura y terminamos llorando todos
y abrazándonos.
"Es lógico. En materia de alimentación: del consumo
privado a la responsabilidad privada hay un paso. La madre, al aceptar
que le falta, se responsabiliza. Lo que los padres tienen calado
muy hondo es que son culpables. Tienen miedo que le saquen a los
otros chicos. Hay que desnaturalizar eso: tiene que haber una protección
colectiva y social. A muchos chicos, y a sus familias, les han colonizado
el alma. Creen que no sirven, que no valen, que no pueden aprender",
subraya la antropóloga Susana Ortale.
La psicóloga Susana Di Iorio, también del equipo del
CEREN, que ha trabajado asesorando a Isabel en la Casa de los Bebés,
cree que "a lo mejor una mamá que tiene a un chiquito
de dos años con desnutrición, no puede tener la visión
de que eso le va a significar dificultades para aprender cuando
comience la escuela. Las urgencias son aquí y ahora: 'hoy
no tengo leche, o pan, o dinero para ir al Hospital', menos le va
a importar que le digan que le juegue, o le hable o qué sé
yo, aunque es todo parte de un complejo en el estímulo para
el desarrollo del chico".
¿Qué
dejó Alex Bazán?
Una sola vez, entre dureza y reproche silencioso, entre acotaciones
al pie durante la charla, lloró. Cuando Gladys Ríos
llora abrazada a su hija Milagros, despierta bronca, por no saber
qué hacer, qué decir, cómo escribirlo. "Después
de que pasó todo, trajeron algunas cosas. ¿Para qué
los quiero ahora? Yo quería que me ayuden antes... ".
"Antes tenía un chiquito que era un bebé, fue
el primero que se les murió. Gladys lo llevó y le
dijeron en el Hospital que vaya y le haga nebulizaciones, que el
nene estaba bien. Llegó a la casa y el nene seguía
peor y peor...Se le murió en las piernas -Adriana Coracci,
cuñada de Antonio Bazán, se palmea con fuerza los
muslos-. Fue llevándolo de vuelta al Hospital. Con Alex,
te parte el alma, no es que ellos no lo hayan llevado. Porque después
te salta que la madre es una dejada. Después te dicen 'la
ignorancia'... Las pelotas. Yo vi que lo llevaba".
-¿Cómo viviste el tema de Alex?
-Antonio se aisló muchísimo. Se sentía muy
mal. Le dio vergüenza decir que no tenía trabajo.
"Yo no sabía qué hacer; estaba perdido",
se sincera Antonio. "Entonces lo pensé y digo: ´voy
a luchar por los otros que tengo´. Un golpe jodido, jodidísimo.
Y hasta el día de hoy. Todavía no puedo entender lo
que pasó, que por no tener para comer se vaya un chico así,
¿vio? Es lamentable que en Argentina, que tenemos de todo...
Me pasó a mí y está pasando en otros lados,
nada más que por ahí a veces no se dan a conocer".
-¿Cuándo se te ocurrió poner un comedor?
-Desde que pasó eso... A ver si se podía abrir un
comedor como la gente, no solamente para mis hijos, para todos.
Si se pone un comedor va a ser para todos. Aunque yo no tendría
por qué tener que poner un comedor; los que tendrían
que encargarse son ellos, pero no hay otra, y encima que yo quiero
ayudar, no me ayudan a mí para que ayude. Ya es el colmo.
-¿Vos creés que este año vas a poder abrirlo?
-Yyy... Si lo pongo por el Municipio, directamente te digo que no.
Yo quiero algo serio, porque yo no puedo mentirle a los chicos.
Si vienen a buscar la comida y no me dan, ¿qué les
voy a decir yo? ¿No tengo mercadería? Por eso es que
lo vengo esquivando un poco, porque me da no sé qué
que un chico venga a pedir comida y que no esté.
"Cuando pasó lo de Alex acá decían que
yo estaba con la Adriana en política,... y a mí no
me gusta eso, pero sino no escuchan; si no hacés algo no
escuchan", confesaba Antonio como preludio de aquella charla
en El Futuro. "No quería que me relacionaran, aunque
Adriana entonces estaba en la 520 cortando, pidiendo que parara
la desnutrición, ¿no?... Y, capaz que tendría
que haber estado. Digo...".
Ojos que
no ven, corazones que no sienten
A fines de febrero murió otro bebé por desnutrición.
Estaba bajo tutela del Estado. Fue en Brandsen. Una vez más
se hizo cargo un juez de Garantías, cuando se las habían
negado en vida. Otro juez inició una investigación
por averiguación de causas de muerte.
"No obstante, pudo saberse que los padres de la criatura, quienes
serían indocumentados al igual que el resto de la familia,
no habrían cumplido con la distribución de los alimentos,
en especial hacia el menor de sus hijos, y luego de la primera atención
del bebé tampoco habrían cumplido con el tratamiento
dispuesto por los médicos del Hospital, a donde no volvieron
a concurrir. A raíz de esta situación, el caso fue
puesto en conocimiento de la Justicia". En las páginas
del diario otra vez algunos sugirieron que las víctimas eran
los victimarios.
José Luis Mainetti, responsable de la Región Sanitaria
XI, activó una vez más su mecanismo de respuesta:
"El caso de este chico de Brandsen, sin dudas, es un caso aislado
y que podría considerarse como un cuadro de desnutrición
primaria, es decir de chicos que ya nacen con un trastorno físico,
no siempre atribuible a la falta de alimentos".
LA TRAGEDIA
EN DATOS
· Según datos del CESNI (Centro de Estudios sobre
la Nutrición Infantil que asesora a la Organización
Mundial de la Salud), el 20% de los niños argentinos sufre
una progresiva disminución en su talla.
· Para la ONG Red Solidaria, la desnutrición infantil
alcanza un promedio del 15.5% en todo el país, pero en el
Gran Buenos Aires llega al 32% y en las provincias del Norte puede
llegar al 50%. Además, 4 millones de argentinos menores de
14 años son indigentes.
· Un 40% de los chicos de hogares muy pobres no alcanza un
nivel 80 de coeficiente intelectual -por debajo de lo normal- según
el Instituto Universitario CEMIC y la Fundación Conectar
a través de la Unidad de Neurobiología Aplicada.
· En La Plata no hay datos oficiales pero sí declaraciones.
Desde la Región Sanitaria XII se asegura que se han detectado
entre un 7 y 8% de chicos con bajo peso, en lo que se denomina desnutrición
secundaria.
El Informe sobre Salud y Daño Nutricional en la Población
Infantil de La Plata, realizado por el Movimiento Barrial Octubres
que cuenta con 75 comedores, 20 de los cuales están en la
periferia platense, arrojó los siguientes datos parciales:
ver
cuadro
Sergio Del
Prette, Secretario de Salud
TIEMPOS Y DESTIEMPOS
"Yo
veo el futuro repetir el pasado /
veo un museo de grandes novedades/
y el tiempo no para..."
El tiempo no para, Caxuxa
Los tiempos
del daño nutricional y los del Municipio no guardan sincronía:
"La desnutrición incide en el grupo más vulnerable:
cero a dos años", aseguran desde el Centro de Estudios
de Rehabilitación Nutricional y Desarrollo Infantil. "No
hace tanto que estoy, casi dos años, y estas cosas llevan
más tiempo", asegura Sergio Del Prette, que asumió
la Secretaría de Salud y Medicina Social de la Municipalidad
tras haber sido cuestionado José Luis Mainetti por afirmar
que en La Plata no había desnutrición. Hoy es imposible
negarlo.
-¿Qué se hace frente a la desnutrición? ¿Cómo
funcionan las unidades sanitarias que debieran detectarla?
- El principal problema de los centros de salud es que arrastran
una vieja historia de atención intramuros. Hay excelentes
profesionales, pero el modelo que tienen incorporado es el de trabajar
adentro. Como no podés llevar los médicos de los centros
sanitarios al barrio...
-¿Por qué? debería ser su función...
-Porque tienen un régimen intramuros y se resisten a salir.
Una de las primeras cosas que hice cuando asumí fue poner
en la calle el móvil pediátrico que nos presta Provincia
para relevar el estado sanitario de los chicos. En 2003 relevamos
4 mil chicos; ahora hay unos 10 mil vistos. Tenemos unas 5 mil familias
en vulnerabilidad.
-¿Qué resultados obtuvieron?
-Por ejemplo, en 1 y 95 (el barrio donde vive la familia de Yamile.
Ver nota principal) evaluamos 184 chicos y encontramos ocho desnutridos.
Pero el promedio general en La Plata es 9,1% de desnutridos más
los que están al borde de desnutrirse (percentilo 10). Si
el chico está en el percentilo 10 y crece, no es desnutrido.
Un chico mío tuvo percentilo 10, estaba enfermo y bajó
de peso.
-¿Qué zonas de la periferia están peor?
-Son manchones. En 164 y 64, Los Hornos, hay un 21% de desnutridos.
En 164 y 32 (a cuadras de la casilla de Antonio Bazán, ver
nota principal), hay un 2,5%.
-Y después del diagnóstico ¿qué se hace?
-A los chicos sin vacunación se los vacuna. Hay familias
refractarias a llevar a los chicos a vacunar, entonces vamos a la
casa. A los presuntamente desnutridos se los deriva al centro sanitario.
Si se confirma su condición, entran en el programa de desnutrición.
-¿Es cierto que en muchos de los barrios, la derivación
a la salita que hacía el móvil no era reconocida por
la propia salita?
-Yo no tengo la certeza de que eso sea así; creo que hay
un poco de mito en todo esto.
-He hablado con gente a la que le pasó eso. ¿Cuál
fue el problema?
-Y puede haber de todo. A las mamás, el móvil les
da un papel que dice que los chicos tienen bajo peso y que tienen
que ser atendidos; si el centro no lo ve o lo rechaza, tendrían
que venir a hacer la denuncia.
-¿Qué se hace luego de la derivación?
-El chico desnutrido entra en el Programa de Vigilancia y Asistencia
Nutricional, se ve si tiene anemia, se lo desparasita, al mes siguiente
se le da la caja de suplemento alimentario que nos manda Nación.
El otro tema es cómo esa familia usa ese alimento, hay un
problema cultural, sabemos que el chico no recibe el 100%.
-Pero por ahí ese chico tiene nueve hermanos...
-No podemos dar una super caja, porque también comen en comedores.
Con la caja es suficiente, se recupera. El problema de desnutrición
no es de Salud es de Desarrollo Social, Salud es el último
orejón del tarro, salvo que tenga parasitosis, una patología
renal o mala absorción. La patología de base no es
la desnutrición. Nosotros planteamos "¿quién
se hace cargo de la desnutrición?". Del caso agudo nos
hacemos cargo, pero sobre el desnutrido crónico... es un
problema de Desarrollo Social.
-Por ejemplo Alex Bazán tuvo grado III...
-Ese era un grado III..., pero tendría otra enfermedad intercurrente
que lo llevó a desnutrirse más...
-En la Casa de los Bebes de Cajade me decían que en una familia
empieza llorando uno y terminan llorando todos... ¿No se
trata de agarrar antes el problema?
-Eso tendrías que hablarlo con Desarrollo.
-Asumiste tras el duro cuestionamiento que tuvo la gestión
de Mainetti...
-Algunos aspectos en ese momento podían estar cuestionados,
bien o mal, no entro a juzgar eso...
-¿Coordinan con los Hospitales provinciales?
-No hemos podido conseguir que el Hospital de Niños nos mande
los chicos para darle las cajas de alimento. Hasta sacamos una ordenanza
que establece a la desnutrición como patología de
denuncia obligatoria a la Secretaria. Vos me denunciás a
un desnutrido del Hospital de Niños y yo a ese desnutrido
te lo meto dentro del Programa y te doy la caja. No conseguimos
que nos manden ni uno.
-¿Por qué no hay planes integrales que traten a la
familia?
-Nosotros en el programa de desnutrición vemos que hay discontinuidad
en la recolección de las cajas; las madres no van a buscarla.
De los que lo hicieron, el 96% se recuperaron. ¿Por qué
no retiran las cajas entonces? Quedan en el centro de salud, que
es el que las entrega, y las tenemos que sacar... Yo no le puedo
llevar a cada familia la caja a su casa, sería una logística
fenomenal. Esto no es asistencialismo.
-¿Tienen coordinación con Desarrollo de la Municipalidad?
-Si, Desarrollo tiene un convenio con Caritas que es de tutores
para que hagan seguimiento al chico... ¿Por qué el
chico no mejora? Puede ser porque recibe un tercio de ese alimento,
porque está excluido del entorno familiar, un embarazo no
deseado, un chico con problemas. De todas las variables que puede
tener la desnutrición, el tema alimentario es sólo
una.
-Lo que pasa es que el primer remedio es el alimento...
-Y eso es lo que hacemos. Pero Salud no puede resolver las problemáticas
sociales, sino seríamos super hombres y somos médicos;
venimos de una visión biologista, no social... Podemos tener
una visión social los que conducimos, pero los que gestionan
no, por formación académica.
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* Se autoriza la reproducción total o parcial del contenido,
citando la fuente y remitiendo un ejemplar de la publicación
a La Pulseada.
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