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NÚMERO
28- MARZO 2005
Entrevista
exclusiva a Daniel Viglietti
¡E
pur si muove!
Por Verona
Demaestri
Músico,
periodista, locutor, cazador de sonidos, trovador de sueños...
artesano. Sigue hilvanando cultura, se piensa sintiendo y se siente
desalambrando fronteras. El viejo y sabio oriental sabe que en la
inquieta Tierra de Galileo Galilei, también el hombre nuevo
se mueve.
Es otra inquisición
la que vuelve su vista a Latinoamérica, la que viene del
norte y condena a otra hoguera. El uruguayo Daniel Viglietti, que
sabe de inquisiciones, alimenta con poesía las rebeldías
del sur... Como Galileo -que murió ciego de tanto ver al
sol de frente-, pone en palabras lo que salta a la vista. Cuentan
que Galilei dijo su verdad frente al tribunal que lo juzgaba: que
la Tierra -y no el Sol- se mueve... Y que susurró: "E
pur si muove". Y se mueve el hombre nuevo para Viglietti. Ese
que resiste en Bolivia o que revoluciona en Venezuela; ese que votó
un cambio en su querido Uruguay...
Trovador, de la generación de Alfredo Zitarrosa, Aníbal
Sampayo, Los Olimareños, Marco Velázquez. Locutor
antes que cantautor, para ganarse la vida y pagarse las clases de
música. Periodista, de los que creen que existe otra radio,
otra prensa, otra televisión, y la hacen.
Daniel Viglietti nació en el Hospital Militar. Ese era el
oficio de su padre sobre la banda oriental del Río de La
Plata, pero supo estar en las antípodas del horror y hasta
cofundar el Frente Amplio. Fue él quien lo mandó a
estudiar con el maestro sanjuanino Antonio Tormo, y fue gracias
a Tormo que despertó movimiento con su música. Comenzó
musicalizando: Nicolás Guillén, García Lorca,
César Vallejo, Eduardo Galeano o Mario Benedetti... Y quiso
luego cantar sus propias letras. Cantó después la
victoria para que los tradicionales partidos Blanco y Colorado,
que se turnaron al Uruguay desde su nacimiento, dejaran de ser "dos
colores de la misma realidad". Fueron muchos recitales los
que dio para que sus hermanos en el exilio -ayer político,
hoy económico- viajaran y votaran por el Frente Amplio.
"Cómo me cuesta afinar la guitarra/ organizar las seis
cuerdas unidas/ abrir camino cantando a la vida", dice cantando
Viglietti; y canta diciendo: "Hay que continuar siempre afinando
a un tiempo que no es el mismo, y a urgencias que son más
dramáticas".
-Si tuvieras
que asociar hoy a Latinoamérica con un tono de tu guitarra,
para afinar el tiempo en el que estamos, ¿cuál sería?
-... Le pondría una especie de Sol Mayor Creciente, aunque
no exista en la escala, porque otra vez va emergiendo una posibilidad
de esperanza de cambio, hay una nueva generación que ingresa
a los procesos, una muchachada que va a hacer su propio camino,
pensamiento político, cultura, literatura. Somos sus referentes
y eso me alegra, pero sé que viene lo nuevo. Y ese Sol Mayor
Creciente va cobrando distintas formas, opinables, pero que avanzan
hacia algo diferente. Sea el proceso brasileño de Lula, los
gestos en derechos humanos de Kirchner, la Venezuela de Chávez
o el gobierno del Frente Amplio en Uruguay, que es un gran paso,
aún para los que están más desencantados con
la política.
-¿Cómo definirías a la izquierda en América
Latina?
-Sería todo aquello que se opone a lo autoritario, a lo tiránico,
porque a veces puede haber una izquierda intolerante, y se puede
transformar en tiránica. Todo lo que se oponga al dominio
y a la explotación del otro. Es ser conciente de lo importante
que es explorarse a sí mismo porque también hay peligro
adentro, camino adentro. Hay figuras que han contribuido a este
tipo de pensamientos, como el Che, que cuando habla del hombre nuevo
no refiere solamente a un combatiente o un militante con una bandera
roja sino a algo mucho más profundo: cambiar al hombre a
la vez que cambia la sociedad, junto con la sociedad... Una tarea
titánica. Han habido esbozos, una práctica muy importante
ha sido la cubana, otra ha sido la de pueblos que resistieron en
medio de la guerra. En Irak de alguna manera hoy lucha el hombre
nuevo, y no estoy hablando de Saddam Hussein ni de la política
interna, que es otro capítulo; estoy hablando de lo que significa
esta agresión horrorosa del imperio con la complicidad de
varios países europeos, que en los medios está siendo
apagada, ocultada, que ya no es primera página. La humanidad
está jugándose mucho ahí.
-Colaboraste con la victoria del Frente, que asumió el gobierno
aunque no necesariamente el poder, en cada recital que has dado
a beneficio de tus compatriotas...
-Estuve en el Teatro Municipal de Caracas cantando en un acto en
apoyo al Frente Amplio, también en Oslo en el aula Magna
que es un teatro enorme de la universidad donde le dieron el premio
Nobel a Rigoberta Menchú. Estar tocando ahí es muy
impresionante. También pasé por Francia, canté
en la Casa de América Latina... Y llegamos, como decís,
al gobierno, que es un matiz muy importante. Ahora viene una etapa
de desafío donde lo fundamental es que la gente tenga los
pies en la calle. El reclamo se debe empujar desde abajo.
De párpados
y tímpanos
"Para escuchar una canción no hay que saber leer; se
lee con las orejas. Por eso su penetración, su divulgación"
define, y sobran los ejemplos: su himno "A desalambrar",
fue bandera en el ocaso de la dictadura franquista. Pasaron más
de 10 años de Esdrújulo, su último disco. El
próximo será en vivo, una selección de temas
inéditos. "Sigo haciendo canciones como un zapatero
remendón. Hago canciones para caminar hacia un mundo mejor".
-Hace tiempo
decías que clasificar tu canción como "de protesta"
no te parecía exacto, preferías llamarla "canción
humana". ¿Seguís llamándola así?
-Todas esas clasificaciones, "canción de protesta",
"de lucha", "testimonial", son muy estrechas.
Fueron producto de una época, y hasta sirvió de marca
para los sellos discográficos. Y quizás fue la manera
de aislar un poco el fenómeno, como si fuera una especialización:
los cantores de protesta éramos todos unos señores
gruñones y disconformes. Yo creo que frente a toda la inhumanidad
que reina en el mundo, véase lo que ha ocurrido en Afganistán,
en nuestros países, para ir menos lejos todavía La
Noche de los Lápices en La Plata
Creo que las canciones
que hablan de sentimientos humanos y de derechos humanos pueden
ser calificadas, parafraseando a César Vallejo con sus "poemas
humanos", como "canciones humanas". Por suerte no
somos pocos en el mundo; siempre han habido trovadores que expresan
lo humano. Claro, para mí eso es indisociable de una lucha
por la calidad musical, estética -que incluye siempre ética-,
de crítica. Pueden haber canciones funcionales que sirvan
para ir a una marcha... Les respeto su funcionalidad, pero considero
que la lucha por una música, una poesía, un cine,
la radio o una danza de nivel tiene que ser siempre a partir de
una exigencia, que tiene que ver con cantarle a la liberación,
a la solidaridad o al cambio social, pero también con una
canción de cuna, de amor o un paisaje.
-Con la música, además, tenés relación
desde chico. Tu madre era pianista y tu padre guitarrista...
-Mi padre fue escritor también. Él falleció
hace años y yo me había comprometido conmigo mismo
a editar de nuevo una novela histórica suya sobre un payador
matrero apodado "el clinudo". Mi mamá me introdujo
en la música mal llamada culta, mal llamada clásica.
Con ella entré a escuchar Stravinsky, Ravel, Beethoven. Mi
padre en cambio me traía discos de 78 revoluciones con la
voz de Gardel, Magaldi, Los Trovadores de Cuyo, hasta que llegó
Tormo. Me fascinó sin que yo me diera cuenta. Imitando sus
discos me hizo descubrir lo que era cantar a los diez años.
Siempre se lo agradeceré.
-¿Y cuál fue tu primer instrumento musical?
-Según las anécdotas, lo tuve a los 3 o 4 años.
Fue volviendo de un corso con tamboriles. Dicen que me ponían
un cajón para que jugara y empecé a tamborilear, entusiasmado.
Así que creo que ese cajón fue el primer instrumento.
Después me acerqué al piano. Y siendo muy chico, mi
padre trató de enseñarme guitarra, pero claro, la
guitarra es ingrata para los dedos del niño... Duele. El
piano me era más cómodo. En la vuelta del laberinto
de la vida, me fui definiendo por la guitarra, quizás porque
me acercaba de la mano a la canción.
-Y hay otros instrumentos de los que te servís...
-Todos son instrumentos. A veces hay gente que dice: "Qué
horror la televisión". Y dice mal. "Ésa
televisión qué horror". No hay que criticar al
instrumento.
-Se dice que siempre andás con un grabador a cuestas y que
has formado un archivo con retazos de sonidos, música, entrevistas
acumulados en cuatro décadas que llamás Memoria Sonora
de América Latina...
-He trabajado con un hilo cultural. Con el hilo cultural he hecho
canciones, radio, difundiendo música de otros, la literatura,
el periodismo, el psicoanálisis... El hilo es el mismo aunque
los instrumentos cambien.
-Con la radio mantenés una relación estrecha hace
muchos años.
-Yo me gané la vida como locutor cuando era joven, para poder
cantar. Y daba clases paralelamente. Tengo una experiencia muy larga.
Hice radio en Valencia, en Francia, en Alemania, en México,
en Radio Sandino de Nicaragua, y en Radio Habana de Cuba. Al hacer
radio me parece retomar el oficio de mis bisabuelos de Nápoles,
que eran sastres, hilvanando, cosiendo, cortando. Mucho trabajo
de edición. He entrevistado a Julio Cortázar, Mario
Benedetti, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Carlos
Puebla, entre otros. Y hoy estoy haciendo Tímpano en Radio
Nacional los sábados a las 19. Con la televisión mi
relación es nueva. Estoy en un canal uruguayo que se llama
TV Ciudad. con un programa, "Párpado", donde he
confirmado que el tema es el instrumento. Así que ya tengo
cuatro instrumentos: la canción, la televisión, la
radio, la escritura, porque he escrito mucho para el semanario Marcha,
y ahora para el semanario Brecha.
De exilios
y gambetas
Nunca sobre dramatizó el exilio; lo peor pasaba país
adentro. Afuera sabía que no convenía levantarse cada
día con el boleto de vuelta aunque soñara con el regreso.
Primero fue Buenos Aires, 1973. Después Francia, y aprendió
el idioma. Desde Europa veía al Uruguay como un país-prisión,
a través del catalejo oscuro que moldea la distancia. El
pasado 1 de septiembre se cumplieron 20 años del regreso
en el que cantó para 25 mil compatriotas.
-Antes de regresar a Uruguay, tras el exilio, decidiste pasar por
Buenos Aires para estar más fresco a la hora de la vuelta...
-Exactamente.
-¿Qué sentiste esa noche? ¿Qué se te
cruzó por la cabeza?
-¡Es que son tantas cosas!... Es como preguntarle a un río
de qué gota se acuerda... Es un río. Y fue un río
tremendo, y la verdad es que cuando llegué a Montevideo...
Tanta gente nos acompañaba en esos ómnibus por la
rambla; venían columnas de gente, jóvenes, banderas
rojas, imágenes del Che sacadas quizás de lugares
escondidos. Era el final de la dictadura. Esa caravana desde el
Aeropuerto hasta el Sindicato de Bancarios donde dimos una conferencia
de prensa. Después por las mías me fui al Estadio
Franzini... Fue el recital más inolvidable de mi vida.
-De este lado del Río se recuerdan también algunos
recitales muy emotivos en los que participaste...
-Si, en marzo del '84, cuando yo todavía no podía
entrar a Uruguay, hice dos recitales en Buenos Aires también
memorables. Estaban las Madres de Plaza de Mayo que hacía
tiempo que venían luchando, músicos, muchos argentinos
y uruguayos. Me acuerdo que en uno de los Luna Park -era un aniversario
de la fundación del Frente Amplio- entró una columna
gritando: ¡Uruguay, Uruguay!...
-Porque además estamos tan cerca...
-El único pretexto que podemos tener los argentinos y uruguayos
para distanciarnos es el fútbol. En lo demás somos
hermanos. Es increíble que sea un país donde yo puedo
pasar por argentino y vos allá por uruguaya.
-Mario Benedetti decía que el capitalismo ganó un
partido pero no el campeonato...
-Es una tarea interminable. Se piensa que se va a llegar, pero todo
se mueve. Tú llegás a tener un gobierno y necesitás
el poder. Y si llegás a tener el poder tenés que ver
que la silla no oscile, no capte... ¿Cómo lo puedo
explicar?... Que no te ate, que no te ate al privilegio, al podercito.
Eso es lo fascinante, lo que nunca se va a terminar porque el hombre
nuevo está ahí, pero se mueve.
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citando la fuente y remitiendo un ejemplar de la publicación
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