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NÚMERO
28- MARZO 2005
Los colegios
de la Universidad
BUSCAN SU
PROPIA REFORMA
Por Daniel
Badenes
Tras un largo
reclamo, los docentes consiguieron modificar la forma de elección
de los directores del sistema "preuniversitario". Ajenos
a los principios democráticos planteados en 1918, las autoridades
de los colegios siempre se habían designado "a dedo"
por el Rector de la Universidad. El nuevo modo de participación
es limitado, pero al menos induce a discutir proyectos de gestión.
El desafío es recuperar el origen "experimental"
de los colegios, que aún son los más reconocidos en
la ciudad.
"Para la
sociedad platense, los colegios de la Universidad son lo que ha
sobrevivido del mito de una Argentina que tenía a la educación
entre sus valores; como la posibilidad de ascender cultural y socialmente",
se arriesga a definir el profesor de historia Raúl Finkel,
uno de los impulsores de la democratización del nivel preuniversitario
de la UNLP. Él y otros trabajadores creen que con la participación
"desde abajo" para construir un proyecto educativo, se
puede revertir el vaciamiento que en los últimos lustros
también sufrieron esos colegios. Una idea que, tras un proceso
lento y dificultoso, comienza a hacerse realidad: este año
los profesores discutirán por primera vez proyectos de gestión
de cara a la designación de las nuevas autoridades, que deberán
pertenecer a la planta docente de los colegios. La última
palabra aún la tendrá el Presidente de la Universidad,
pero ya no habrá "directores paracaidistas", como
se recuerda a algunos de los designados por pactos electorales.
Junto a las de Cuyo y San Juan, la platense es la Universidad con
más colegios y escuelas, que a su vez tienen perfiles muy
variados. El Colegio Nacional "Rafael Hernández",
el Liceo "Víctor Mercante" y el Bachillerato de
Bellas Artes figuran entre los secundarios (hoy polimodales) más
valorados en La Plata. A ellos se suma la Escuela Graduada "Joaquín
V. González" (Anexa) en el nivel primario, y la lejana
escuela agropecuaria Inchausti. En total, el nivel preuniversitario
de la UNLP tiene unos 4.500 alumnos.
Estos colegios invocan un carácter "experimental",
aunque ese espíritu se ha perdido con el tiempo: tanto, que
en la propia comunidad educativa las explicaciones sobre qué
implicaba esa experimentalidad son divergentes. Para la profesora
de filosofía Alicia Trussi "significa que los profesores
de la Facultad de Humanidades, cuando hacen sus prácticas,
las hacen en los colegios de la Universidad. Se entiende por experimental
que cuando hay un plan de estudios nuevo, se toma un curso como
piloto, y luego se extiende a un proyecto de reforma curricular".
Por su parte, para Cleide Muglia, de la Anexa, son experimentales
porque "ingresaba un grupo muy reducido de chicos, con examen.
Se creía que eran lo más inteligente que había
en la ciudad".
La estrecha vinculación con las facultades y su rol como
espacio de formación de egresados de la Universidad aparece
como un "mandato fundacional" del nivel preuniversitario.
Además, su relativa autonomía permitió que
los colegios ensayaran e innovaran en sus aulas, evitando la burocracia
del sistema educativo centralizado. Así, la Anexa fue una
de las primeras escuelas en tener talleres y considerarlos una prioridad,
mucho antes de la moda del "taller" que vació de
sentido a esa estrategia pedagógica. Y el Nacional fue pionero
al incorporar el antiguo séptimo "grado" a la secundaria,
mucho antes de la reforma educativa.
Como la crisis de los demás colegios es más acentuada,
los universitarios han mantenido cierto prestigio, que se expresa
cada año en cifras de inscriptos muy superiores a los cupos
ofrecidos.
Lo que hace
a la diferencia
Aunque sus profesores cobran lo mismo que en las escuelas medias
de la Provincia -y durante mucho tiempo tuvieron ingresos aún
más exiguos-, en el plantel de estos colegios predominan
los universitarios, incluso con estudios de posgrado.
La libertad para armar sus propios programas, ciertas normas de
disciplina internas y las iniciativas de sus docentes, aún
hacen la diferencia. Los preuniversitarios han tenido y tienen talleres
sobre derechos humanos, chicos de la calle, nuevos movimientos sociales:
hablar de la realidad también los distingue.
No por casualidad los centros de estudiantes del Nacional, el Liceo
y el Bachillerato de Bellas Artes han sido los más organizados
y constantes en la ciudad. Según las épocas, compartieron
la actividad con los del viejo industrial "Albert Thomas",
"el Vergara" o "La Legión". Pero los
jóvenes del Liceo y el Nacional siempre marcaron el rumbo:
incluso a sus docentes, que durante dos décadas los han visto
a ellos eligiendo representantes.
Finkel cree también que "parte de la diferencia está
en la actitud con que van los alumnos: todo el mundo sabe que en
el Nacional, en el Liceo o en el Bellas Artes se los exige más
que en cualquier otro lado. Más allá de que te exijan
o no. Entonces, el nivel de rendimiento es superior y los hace un
poco mejores que el resto de los colegios. Pero hace rato que no
tienen ningún tipo de proyecto". Ese es el quid de la
cuestión.
Lo que hace
a la crisis
Los colegios llevan años de escasez de presupuestos y de
proyectos educativos claros. Otro síntoma de crisis es la
precariedad de los cargos, que cesan cada seis meses o un año.
Muglia explica: "no hay docentes titulares y no hay continuidad.
Otro problema es que el docente no puede acceder a cargos jerárquicos,
porque son cargos políticos que elige el Rector. Eso ha provocado
en los últimos años el vaciamiento de la Escuela.
El maestro que no tiene asegurado su puesto, y tampoco tiene posibilidades
de acceder a un cargo estando preparado, opta por la seguridad de
una escuela de Provincia". Muglia es la representante suplente
de los maestros de la Escuela Anexa en el CEMyP.
Su compañera Sara Bosoer, delegada titular, recuerda que
"pasó más de una vez que han 'caído' directivos
que vienen incluso sin ser de La Plata. Queremos evitar ese tipo
de paracaidismo; y hacer que los proyectos no dependan de las autoridades,
que suelen desconocer lo que sucede dentro de los colegios".
La búsqueda
de la democracia
"Los cinco directores preuniversitarios son el último
reducto del dedo del Rector", sintetiza Alicia Trussi. Para
su colega Raúl Finkel, revertir esa situación no es
más que "poner a los colegios a tono con una tradición
democrático-reformista de la Universidad. En todas las facultades,
estudiantes, docentes, graduados, votan. ¿Por qué
los estudiantes del Observatorio participan en la designación
de los directores de los colegios, y los docentes de los colegios
no?".
Poder darse sus propias autoridades y representantes fue lo que
trabajadores del sistema preuniversitario empezaron a reclamar desde
mediados de 2001, al calor de las protestas por la "ley de
déficit cero". Lo primero que pidieron fue participar
del Consejo de Enseñanza Media y Primaria (CEMyP), que fue
creado hace 15 años y es el nexo de las escuelas con el Consejo
Superior de la Universidad. En 2003 lograron que ese órgano,
además de los cincos directores y de quien preside la Comisión
de Enseñanza, incluyera a delegados de los docentes de cada
colegio.
Elegido por sus pares en el Nacional, Finkel explica que el CEMyP
se convirtió en "nuestro primer espacio de participación
democrática, aparte de lo sindical. Y el hecho de que pudiéramos
votar empezó a mover un poco más las aguas..."
Era esperable que no se conformaran con eso. El Estatuto de la UNLP
los condicionaba: establece que su Presidente es quien designa a
los directores de los colegios. Pero un grupo de profesores y preceptores
comenzaron a pensar ideas y surgió la de las ternas: presentar
candidatos, votarlos y ofrecer alternativas para que el Rector decidiera,
en uso de su potestad. Para saber si sus pares coincidían,
la plebiscitaron, aprovechando el clima que había generado
la elección para el CEMyP. El resultado: sufragaron unos
700 docentes, y un 90 por ciento estuvo de acuerdo.
El siguiente paso fue concretarla. En 2004 se sucedieron las reuniones
para fijar las pautas y encontrar candidatos. El Colegio Nacional,
el Liceo y la Escuela Anexa votaron sus ternas.
La profesora de geografía Nora Sémplici recuerda que
"había un clima de mucho entusiasmo. La desidia inicial,
cuando costaba definir candidatos, se dio vuelta los días
de elección. No lo digo por haber sido candidata. Había
ganas de participar: la gente iba a votar; nadie la llevaba".
Si la elección hubiera sido respetada por el Rectorado, Sémplici
sería la directora del Liceo. Pero el proceso fue más
largo.
Como estaban por cambiar las autoridades universitarias, los delegados
del CEMyP se reunieron con cada candidato en danza. José
Luis de Diego y Ángel Tello se comprometieron a respetar
las ternas. Alberto Dibbern, que iba por su reelección, ni
siquiera los recibió. La Asamblea Universitaria terminó
eligiendo un candidato oficialista de último momento: el
arquitecto Gustavo Aspiazu.
El flamante rector eludió las propuestas de quienes promovían
la democratización de los colegios. En dos sesiones del Consejo
Superior intentó designar a los directores con el viejo mecanismo,
pero la presión de los trabajadores pudo más. Fue
la primera vez en 20 años que los consejeros rechazaron los
nombres propuestos por el Presidente. Y una de las pocas ocasiones
en que los preuniversitarios captaban la atención en un espacio
institucional de la UNLP, donde importan poco y nada. Allí,
los colegios no votan.
La reforma
tardía
La consejera estudiantil por la Facultad de Humanidades Ana Rusconi,
que estuvo entre quienes alentaron la idea en el Consejo Superior
y su comisión de Enseñanza, piensa que "el reclamo
no es nuevo: viene de la reforma del 18... Pero se hace más
fuerte porque ya vimos qué pasa si no somos protagonistas
de las decisiones que se toman...".
Generado el interés, los impulsores de la participación
presentaron un anteproyecto de ordenanza que habían redactado
dos preceptoras del Liceo. "Ofrecíamos una alternativa
que no era antirreglamentaria, ni antiestatutaria, ni todos los
antis que nos ponían. Era algo totalmente viable", explica
Sémplici.
La tensión entre las autoridades de la Universidad y los
"reformistas" del preuniversitario siguió todo
el año y el consenso recién se logró a fines
de diciembre. Se aprobó un procedimiento de elección
de directores según ternas definidas por el voto secreto
y obligatorio de los docentes. El Presidente de la Universidad deberá
designar a alguno de los tres candidatos más votados en cada
colegio, que hayan obtenido más del 10% de los sufragios.
Aunque las ternas no serán vinculantes ni tendrán
orden de prioridad, el nuevo procedimiento obliga a que los directivos
provengan del plantel docente y hayan pensado en un plan de gestión.
Algo es algo.
Para Trussi, "fue una lucha muy profunda con el oficialismo
de esta Universidad radical. Llegamos a buen término porque
los trabajadores de los colegios se movieron. Se movieron de una
manera muy particular: no creamos que llenaban las aulas con asambleas,
pero hubo un acompañamiento, calladito, muy importante".
Los frutos
esperados
La decana de Humanidades, Ana Barletta, que preside la Comisión
de Enseñanza del Consejo Superior, valora la ordenanza aprobada
como "una oportunidad para que se discutan proyectos".
Muglia, por su parte, cree que permitirá que "el docente
sienta pertenencia hacia la Escuela".
Otra efecto esperado de la nueva instancia de participación
se relaciona con el presupuesto. Sémplici opina que "el
director va a tener mucha más responsabilidad. Hay gente
que depositó la confianza y estará pendiente de esa
persona. Hasta hoy, ¿quiénes estaban defendiendo nuestro
presupuesto? Si tenemos un directivo elegido por los pares, va a
tener que exigir al CEMyP que se meta en el tema. Y cuando ese presupuesto
llegue al colegio, lo ideal sería que se participe".
"Hay un pedido de transparencia bastante fuerte", agrega
Bosoer y muestra una coincidencia entre las escuelas.
Sémplici también deposita la esperanza en otros cambios:
"al director elegido por sus compañeros, no me lo imagino
poniendo colaboradores porque sí. Y los chicos también
tendrán su cuota, aunque ahora no puedan participar. Van
a ver ese clima. Esta fue la primera vez que vieron a sus docentes
frente a una urna... cuando éramos nosotros los que los veíamos
votar a sus representantes". Además de enseñar
Geografía, Sémplici es Secretaria Administrativa del
Liceo. Hace 14 años fue directora en el Bachillerato de Bellas
Artes, elegida "a dedo": "por eso también
creo en la elección democrática: más allá
de que en ese momento no me resultó raro, e hice una experiencia
única, me di cuenta de que ese no es el procedimiento, y
que la voz de quienes hacen el colegio día a día es
la que tiene que estar presente".
El nuevo mecanismo se pondrá en marcha a mediados de este
mes. El primer día de julio asumirán los nuevos directores.
Trussi pide serenar a los padres: "les digo siempre que estén
tranquilos con los cambios; que si los cambios son en la gestión,
son para bien. Porque acá lo que siempre le ha puesto vallas
a la potencia de los profesores, que somos los soldaditos de todos
los días, ha sido la gestión".
El ingreso
de la democracia
No todo lo pasado fue mejor. En su "época gloriosa",
los colegios eran tan buenos y prestigiosos como elitistas y enciclopedistas.
Para ingresar se debía pasar por una exigente evaluación,
que superaban quienes podían pagar una cara preparación
que llevaba meses. De esa feroz competencia resultaban grupos homogéneos:
todos alumnos de 10. "Dar clase así era re fácil",
recuerda una docente. El requisito del examen se dejó atrás
desde el ingreso de 1985. Los sorteos cambiaron la población
de los colegios: "de entrar clase media y media alta pasamos
a tener de todos los estratos sociales. Igual hay un fuerte predominio
de clase media, aunque esa clase media, está tan caída...
Tenemos chicos que si no hubiese sido por el ingreso por sorteo
ni se les hubiese ocurrido", analiza Nora Sémplici.
"Viví las dos épocas y puedo decir que es lo
mejor que nos pudo haber pasado", reflexiona. "Lo mejor
que tienen estos colegios es el ingreso por sorteo. Eso marcó
la diferencia y vamos a tener que pelearlo. Me parece fascinante
que cualquiera que pase por la calle y vea que esto es un colegio,
se meta".
La elección
ideal
Algunos son cautos y no quieren proyectar más allá
de lo logrado. "Habría que esperar esta experiencia
y evaluar cómo resulta. Es importante que el Presidente haya
aceptado el mecanismo de consulta", dice Ana Barletta.
Pero quienes viven los colegios desde adentro, día a día,
apuntan a más: "el mecanismo ideal es la votación
directa y vinculante", opina Alicia Trussi. El profesor Finkel
explica que "la terna es algo absolutamente coyuntural, hasta
que logremos una reforma del Estatuto en la Universidad", y
enuncia aún más deseos: "lo mejor sería
alguna forma de elección de los directivos donde participen
los docentes, los no docentes y los alumnos".
La mayoría está de acuerdo con que intervengan los
trabajadores no docentes, aunque el Consejo Superior no lo permitió.
La polémica crece cuando se habla de participación
estudiantil; otro eco de la Reforma Universitaria de 1918, cuyo
manifiesto liminar afirmaba que "no puede desconocérsele
(a la juventud) la capacidad de intervenir en el gobierno de su
propia casa".
La principal complicación es que estos alumnos son menores
de edad. Finkel, que además de docente es egresado del Nacional
y padre de una estudiante, insiste en que "hay que encontrar
la manera. Mi hija pasó a octavo grado. Es menor de edad,
y aún así tiene claras opiniones acerca de sus docentes
y de lo que le enseñan. Hay que buscar los canales para tenerlos
en cuenta. Formas de participación que no necesariamente
serán que voten un director; pero sí que su opinión
sea escuchada".
El rol de los egresados se discutió en menos oportunidades.
Para Finkel, "los graduados tendrían que mantener algún
tipo de vínculo para poder seguir pensando la educación
que se da en los colegios. Pero no sé si eso tendría
que expresarse en un voto para elegir director".
Decisiones
unilaterales
Uno de los logros que se esperan de los cambios, es evitar las resoluciones
unilaterales de los directivos. Sin discusiones, los colegios se
adaptaron a la Ley Federal de Educación -sin estar obligados-
y ahora están por acoplarse a su vuelta atrás.
La participación es nula. Este año no habrá
séptimo año en la Escuela Anexa, a raíz de
una decisión tomada a puertas cerradas de eliminar su tercer
ciclo de EGB. El tema no se trató en el CEMyP ni en Comisión
de Enseñanza, según asevera su presidenta, Ana Barletta.
Lo mismo pasa con la redefinición de la cantidad de divisiones
en los secundarios, a los que a partir de ahora sólo se ingresará
desde séptimo de EGB. "Es algo que se ha decidido en
la parte ejecutiva, entre directivos de colegios, Secretaría
Académica y Presidencia; y se ha dejado de lado a todos los
órganos legislativos de la Universidad", dice Finkel
y concluye: "volvemos al principio: si se decide desde arriba
todo o se consulta a quienes tienen parte en esto".
Dedo, concurso
y voto
Los preuniversitarios del país no son, como algunos creen,
sólo los platenses y el Nacional Buenos Aires. Hay tantos
colegios como incomunicación entre ellos y desconocimiento
de sus realidades.
En el medio centenar -aproximadamente- de preuniversitarios del
país, no todos tienen sus directores designados "a dedo".
Entre las alternativas que superan la decisión unilateral
del Rector figuran la elección con voto directo y los cargos
concursados.
Para Raúl Finkel, "la elección por concurso lo
que plantea es que el director se representa a sí mismo.
Tiene un límite. Es alguien que tiene una trayectoria que
viene, gana... y se representa a sí mismo. Un director elegido,
representa al colegio. No quiere decir que vaya a ser mejor: quizás
elegimos lo peor. Mala suerte. El asunto es que el sistema es perfectible".
El Colegio Nacional Dr. Arturo Illia, fundado en Mar del Plata una
vez finalizada la última dictadura, tradicionalmente eligió
a sus autoridades por concurso. Pero el año pasado el sistema
fracasó y el nuevo director fue elegido por sus pares, iniciando
un proceso de democratización similar al reclamado por los
platenses.
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* Se autoriza la reproducción total o parcial del contenido,
citando la fuente y remitiendo un ejemplar de la publicación
a La Pulseada.
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