NÚMERO 27- DICIEMBRE 2004

Fallo judicial contra los Servicios de Inteligencia
ILEGALES Y MENTIROSOS

A fines de 1998 se desató un verdadero escándalo cuando, en allanamientos realizado en la casa de un ex comisario, se descubrieron documentos que probaban una vez más que durante la democracia los servicios de inteligencia habían continuado operando del mismo modo que bajo la dictadura. Esta vez la Justicia, aunque con demora, intervino para reparar el atropello. Pero sigue pendiente identificar a los más altos responsables del espionaje ilegal.

Por Lucas Miguel

Entre el 16 y el 18 de noviembre de 1998 la casa del ex comisario Luis Vicat fue allanada tres veces. La Justicia secuestró documentación que dio pie a uno de los escándalos más grandes que sacudieron al último tramo del gobierno de Eduardo Duhalde en la provincia: el "área especial" que comandaba Vicat y que dependía directamente de la Secretaría de Seguridad (hoy Ministerio), había realizado tareas ilegales de inteligencia sobre jueces, funcionarios, dirigentes y militantes políticos.
El padre Carlos Cajade fue una de las víctimas del espionaje. La información que tenía Vicat en su poder y la que obraba en los archivos de la DIPBA (Dirección de Inteligencia), indicaba que Cajade era "un evidente representante de la izquierda violenta", a cargo de "un centro de rehabilitación de niños carenciados y de los llamados 'de la calle' (drogadictos, delincuentes, etc.) en colaboración con gente de mayor edad que responde a grupos de ultraizquierda". También se decía que Cajade y otros dos sacerdotes "poseen vínculos estrechos con movimientos subversivos de América Latina" como "el Movimiento Zapatista de México, el MIR de Chile, los Tupamaros de Uruguay, Tupac-Amaru y Sendero Luminoso de Perú, el PRT de Bolivia y con el PRT-ERP, Quebracho, el MTP, Patria Libre e HIJOS de Argentina". Según dicen textualmente los informes, "estos grupos en mínima parte subvencionarían al obispado de Quilmes y, por ende, al Hogar de Niños del padre Cajade". Señalan también que el sacerdote recibía semanalmente de aquel obispado "instrucciones" para una "política desestabilizadora".

El tema ganó las primeras planas de los diarios y la prensa entrevistó a los propios afectados. Cajade declaró que "estos hechos nos retrotraen a los tiempos más sombríos" y que "hay determinados grupos interesados en confundir una visión auténticamente evangélica del mundo con una militancia política; es el Evangelio el que me ha llevado a pensar el mundo desde los más humildes".

Días después, el sacerdote presentó en la Justicia un recurso de habeas data para conocer la información que el Estado había recabado sobre él y los motivos que tuvo para ordenar su búsqueda, además de ejercer su derecho a rectificarla o eliminarla.
Pasaron seis años. Hoy la Justicia condenó al Estado bonaerense a "rectificar" la información "falsa" y "discriminatoria" de los archivos de inteligencia. El fallo en primera instancia de la jueza María Isabel Martiarena, de mayo de 2003, fue confirmado por la Cámara de Apelación y Garantías el 7 de abril de 2004.

El juicio desnudó la forma de operar de los servicios de inteligencia, que buscaron e inventaron información sobre Cajade, primero a través de la DIPBA y luego, en el marco de la denominada "Área Especial Causa AMIA", creada por el entonces secretario de Seguridad -hoy juez de la Suprema Corte bonaerense-, Eduardo De Lázzari, y al mando de Vicat.

El fallo de la jueza, ratificado en segunda instancia, ordenó al Ministerio de Seguridad rectificar toda la información que sobre Cajade hubiera en esa dependencia. Esa rectificación se debe hacer en base a lo investigado en el expediente, en el que -con una novedosa estrategia- la defensa del sacerdote, ejercida por Marcelo Ponce Núñez, en lugar de exigir a Vicat y sus colaboradores que prueben las afirmaciones realizadas en los informes de inteligencia, solicitó a la jueza una serie de medidas de prueba para desmoronar una a una las mentiras de aquellos legajos. Esto fue posible porque a nivel provincial el habeas data no se encuentra reglamentado, de manera que el juez puede aplicar discrecionalmente el procedimiento que crea conveniente. A pedido de Cajade, Martiarena solicitó a los estados de México y Perú que le informen si el sacerdote tenían alguna vinculación con zapatistas, Sendero Luminoso o el Movimiento Tupac-Amaru; tomó testimonios al ex arzobispo Carlos Galán, al diputado Mario Cafiero, al senador Antonio Cafiero; requirió informes al Rotary Internacional y a la Fundación Isalud, instituciones que reconocieron a Cajade por su labor con los chicos; solicitó a la Legislatura una copia de la ley que declaró de "interés provincial la labor humanitaria y social" del Hogar de la Madre Tres Veces Admirable; tomó declaración al secretario general de la CTA, Víctor de Gennaro y a su secretario gremial, Víctor Mendibil. Todos los testimonios rebatieron el contenido de los legajos de inteligencia.

La jueza Martiarena dice en la sentencia que se comprobó "la existencia en los organismos públicos de datos falsos o personalmente discriminatorios" sobre el padre Cajade. Durante el proceso, ni Vicat ni sus colaboradores aclararon quién dio la orden ni cuáles fueron los motivos para buscar e inventar información.

Seis años después del estallido del escándalo, son varios los señalamientos que pueden formularse. Uno de ellos es la constatación de que los servicios de inteligencia desarrollaron, en democracia, las mismas prácticas de violación de la intimidad y persecución ideológica que efectuaban durante la dictadura. Para el abogado Ponce Núñez, es algo "gravísimo" porque "demuestra que en democracia la policía siguió investigando personas y no delitos". Surgen también dudas acerca de si los tiempos de la Justicia, excesivamente largos, no impiden reparar los daños causados a las víctimas del espionaje ilegal. Por último -y más importante- persiste una frustrante sensación de impunidad, en tanto las investigaciones se detienen en el punto exacto en que corresponde pasar de los ejecutores a los responsables políticos.

Con la fachada de la AMIA
Luis Vicat comandó el "Área Especial Causa AMIA" desde diciembre de 1996 hasta el 3 de abril de 1998, cuando el interventor de la Policía, Luis Lugones, la eliminó. Pocos días después, el 22 de abril, el ministro Arslanián dispuso el pase a retiro del comisario. Siete meses más tarde, entre el 16 y el 18 de noviembre del mismo año, la Justicia encontró informes de inteligencia en la casa de Vicat.

Según reconoció el comisario ante la jueza, el Área fue creada para investigar casos complejos, como el de la AMIA, y también para alertar sobre "actos de disconformidad para con la conducción política de ese momento", temerosa de recibir represalias de los sectores policiales afectados por las primeras purgas.
Vicat señaló que su "jefe político" era el entonces jefe de asesores del Gabinete de Seguridad -hoy presidente del Tribunal de Casación Penal bonaerense-, Federico Domínguez, y que por encima de éste estaba el hoy juez de la Suprema Corte, Eduardo De Lázzari, en aquellos días secretario de Seguridad del gobierno de Duhalde.

El ex comisario declaró también que el Área tenía tres dependencias: en el Cuartel de Bomberos del bosque platense; en la Torre II y la última en un departamento ubicado frente al Parque Saavedra. Explicó que en las oficinas del bosque se hacían "tareas de recolección de información general, esto es periodística, radial y de fuentes personales, entre otras, que producían distinto tipo de información", que "era traída in voce" por "dos suboficiales (Ramiro Baulo y Jorge Omar Torres), que el comisario (Ernesto Aníbal) Amarillo había traído consigo como personal de su confianza desde su anterior destino y que tenían una amplia trayectoria en la DIPBA". Dijo además que los oficiales encargados de realizar esos trabajos eran denominados "caminantes", "lancheros" o "buchones" y que con la información que recolectaban se armaban informes sin firma ni autor.

Todas estas afirmaciones fueron corroboradas por otros oficiales y suboficiales de inteligencia que declararon en la causa.

El hombre de las dos caras
Cuando el espionaje se descubrió, Eduardo De Lázzari no era más el secretario de Seguridad de la Provincia. El titular de esa cartera, elevada a rango de Ministerio, era León Arslanián. De Lázzari ya era juez de la Suprema Corte y, como tal, firmó en noviembre de 1998 una resolución junto a sus colegas donde consideraba "indispensable el pleno esclarecimiento" de las tareas de inteligencia de las que, paradójicamente, había sido responsable político, porque era el jefe directo de Luis Vicat.

 

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