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NÚMERO
26- NOVIEMBRE 2004
Alak insistirá
ante la UNESCO
PATRIMONIOS Y ALGO MÁS
Desde hace cinco años que el gobierno comunal no ahorra
esfuerzos por lograr que la UNESCO declare a La Plata como Patrimonio
de la Humanidad. Sin embargo, el de La Plata sigue siendo la única
postulación argentina que tuvo una evaluación negativa
de parte del organismo internacional. Como hay mucho en juego, la
Municipalidad está buscando un nuevo camino para lograr el
mismo objetivo.
Por Sabina Crivelli y Daniel Badenes
Difícilmente
algún platense desconozca hoy la candidatura de La Plata
como "Patrimonio de la Humanidad". Es que se trata de
una postulación que ha estado muy presente en los últimos
años, sobre todo cuando los ciudadanos nos aprestamos a concurrir
a las urnas, porque lograr que la ciudad que uno gobierna obtenga
semejante galardón es la frutilla del postre de cualquier
político engolosinado por los triunfos electorales. Tal vez
sea por eso que hay quienes miran con desconfianza la aspiración
que el Estado municipal sostiene ante la UNESCO desde 1999.
Hasta ahora se trata de una iniciativa frustrada del gobierno local,
aunque no está dicha la última palabra. Las versiones
sobre la postulación abundan. No es para menos: la de La
Plata es la única candidatura a Patrimonio de la Humanidad
realizada por Argentina que ha tenido una evaluación negativa.
Y es la única, también, que a cinco años de
presentada no tuvo una respuesta definitiva. Mientras el año
pasado el país logró sumar a la Quebrada de Humahuaca
a la lista del Patrimonio Mundial, los platenses se preguntan qué
pasó con el promocionado reconocimiento de la ciudad que
este mes cumple 122 años. Lo cierto es que la solicitud está
frenada hasta nuevo aviso: esa fue la alternativa que se encontró
para evitar el rechazo liso y llano.
Todo empezó el 30 de junio de 1999, cuando el gobierno nacional
hizo una presentación ante la UNESCO, en París, reivindicando
a La Plata como Patrimonio Cultural de la Humanidad. La postulación
se basó en las características destacadas del casco
urbano fundacional, comprendido entre las avenidas 122, 31, 32 y
72.
Diez años antes de que cualquier platense siquiera imaginara
este propósito, un arquitecto francés llamado Alain
Garnier, publicó en Suiza un trabajo sobre la ciudad de las
diagonales. En su libro, titulado "El cuadrado roto",
afirma que "la cuadrícula constituye la ligazón
entre el pasado y el futuro de la sociedad argentina que estaba
en plena mutación. Así la traza de La Plata representa
un caso único, por su pureza y amplitud, de síntesis
de las corrientes teóricas de fines del siglo XIX. La ciudad
de La Plata, a la vez utópica y realista, racional y romántica
ofrece al profano como al profesional, un vasto campo de reflexión
y de emociones". La consideración de la capital bonaerense
como el prototipo más importante del urbanismo del siglo
XIX es, justamente, el argumento de quienes defienden el proyecto
de La Plata Patrimonio. Pero hace falta más.
El cuadrado
casi perfecto
La declaración como "Patrimonio de la Humanidad",
natural o cultural, es un reconocimiento que otorga la UNESCO desde
1972. El organismo de Naciones Unidas dedicado a la ciencia y la
cultura, considera patrimonio cultural a monumentos, grupos de edificios
y sitios "cuya arquitectura, unidad e integración en
el paisaje les de un valor universal excepcional desde el punto
de vista histórico, estético, etnológico o
antropológico".
La planificación urbana fue el eje de la candidatura platense.
Y si bien la postulación de La Plata ante la UNESCO la concretó
el Estado nacional, fue preparada por técnicos locales. Su
argumentación se basó en ocho componentes distintivos
que resaltan el proyecto fundacional. Varios de ellos aluden al
trazado de la ciudad, que suele considerarse un "cuadrado perfecto".
Ese cuadrado se diseñó incluso antes de elegir el
lugar de construcción de la ciudad. Sus cuatro ángulos
debían ser curvos, estar ubicados según los puntos
cardinales y con el eje principal perpendicular a la costa del río.
También estuvo previsto el boulevard periférico de
cien metros de ancho destinado a marcar el límite de la ciudad
y facilitar la circulación hacia el tejido urbano.
Pero sin duda el elemento más relevante de ese trazado era
su eje monumental. Compuesto por las avenidas 51 y 53, separadas
por 120 metros, albergó a los principales edificios públicos.
Lejos de La Plata de 2004, Dardo Rocha y Benoit se imaginaban una
ciudad homogénea donde las construcciones no sobrepasaran
los dos pisos y en el que el eje monumental fuera divisado desde
todos los sitios del tejido urbano. Allí debían concentrarse
los centros de poder más importantes, en los que confluían
las principales diagonales. Se evitó establecer jerarquías
entre el Estado municipal, los poderes provinciales y la Iglesia:
según el ideario fundacional, debían estar todos en
pie de igualdad.
El proyecto original preveía que el centro comercial y cívico
se desplegara a lo largo del eje monumental. Por eso, para disminuir
las distancias, se hicieron más estrechas las manzanas de
esa zona.
Otros aspectos incluidos en los ocho componentes presentados para
la candidatura fueron los espacios verdes, los palacios públicos
rodeados de jardines, a los que se suman las veredas arboladas y
anchas.
Una evaluación
negativa
En enero de 2000 visitó la ciudad un especialista del Consejo
Internacional de Monumentos y Sitios Históricos (ICOMOS),
la ONG internacional que realiza las evaluaciones técnicas
en las que basa sus decisiones el Comité del Patrimonio Mundial.
Luego de relevar la situación del caso urbano platense, el
veedor hizo un informe negativo que debió elevar al Comité,
quien tiene la última palabra. "Cuando el gobierno argentino
se entera, se adelanta y pide que no traten el tema", recuerda
Alfredo Conti, que desde hace cuatro meses es Director de Preservación
del Patrimonio de la Municipalidad. Conti es también un técnico
del ICOMOS y conoce bien esos mecanismos: "Si el ICOMOS dice
que no, el Comité del Patrimonio Mundial va a decir que no.
Es muy raro que dé vuelta una recomendación técnica
hecha por especialistas". Los funcionarios argentinos lo sabían
y por eso frenaron el trámite, aunque sin cancelarlo: "La
candidatura no fue retirada. Dicho en términos nuestros,
está cajoneada. Está ahí esperando que Argentina
vaya y le diga ´bueno, ahora traemos más cosas, vuelvan
a evaluar´".
En aquella visita realizada en 2000, el municipio no pudo exhibir
los mecanismos legales y administrativos para asegurar la preservación
del patrimonio. "El país tiene que garantizar que ese
bien se va a conservar. Y acá, por ejemplo, a nivel municipal
no existía una oficina de conservación", explica
Conti. En cuanto a la legislación, el código de construcciones
vigente no impedía que hubiera edificios altos en cualquier
lugar de la ciudad.
Ese fue, precisamente, el cuestionamiento más fuerte. Conti
considera que "la observación básica, fundamental
y central fue la presencia de edificios altos en el centro, que
desvirtúan la idea original. Porque la idea original eran
esos grandes palacios, que se destacaban, que vos los veías
de todos lados, y después una edificación relativamente
baja. Cuando vino el evaluador vio que eso se perdió todo...".
Ese problema ya lo advertía Garnier una década antes
de que se pensara en una candidatura ante la UNESCO. En su libro,
el arquitecto francés plantea que al perderse entre los edificios
el eje monumental, las diagonales no tienen puntos de referencia
y eso lleva a que los platenses se pierdan en su propia ciudad.
El director municipal de Preservación del Patrimonio reconoce
que "por supuesto, el evaluador lee todo lo que hay. No es
que ese libro haya determinado... Pero diez años antes ya
un extranjero estaba diciendo: ´cuidado, que La Plata tiene
una serie de problemas´. Eso fue lo que después puso
la gente del ICOMOS".
Preservar
y perseverar
A más de cinco años de la postulación, los
funcionarios del Ejecutivo municipal siguen pensando en la anhelada
postulación ante la UNESCO. En el tiempo transcurrido han
proliferado los folletos, publicaciones y seminarios con la consigna
"La Plata patrimonio". Los impulsores de la candidatura
aseguran que se ha avanzado: la modificación del código
urbanístico, en diciembre de 2000, y la reciente creación
de la Dirección encabezada por Conti, son acciones que apuntarían
en ese sentido. Sin embargo aún no se definió si la
nueva presentación ante la UNESCO será dentro de dos
meses o recién en enero de 2006.
Cuando el tema se vuelva a instalar en la agenda local, resurgirá
una pregunta clave: ¿qué implica ser reconocido como
Patrimonio de la Humanidad? Alfredo Conti afirma que "el primer
gran beneficio es el reconocimiento a nivel internacional. Es una
cuestión de orgullo nacional: alimentar el ego del país".
La inclusión en la lista del Patrimonio Mundial implica también
ventajas concretas. Una es el acceso a asistencia técnica
y financiera internacional. Otra es la promoción del turismo,
por la difusión que realiza la UNESCO. Existen estudios que
indican que para aquellos lugares accesibles y sin conflictos político-bélicos,
la "marca" Patrimonio Mundial genera un 30% de aumento
en la afluencia de turistas.
No obstante, Conti advierte que ser reconocido como Patrimonio Mundial
es, ante todo, "un compromiso". Y demanda una serie de
decisiones que producirán "un conflicto muy grande de
intereses. A mucha gente no le conviene que no se puedan construir
más edificios altos. Ahí alguien va a tener que tomar
una decisión en algún momento: si se quiere que esto
sea Patrimonio de la Humanidad o se tienen en cuenta los intereses
de algunos sectores que van para otro lado".
El compromiso
de la comunidad
Asumir la condición de Patrimonio de la Humanidad es una
política de Estado que requeriría un compromiso social
y político importante.
Alfredo Conti admite además la necesidad de considerar "una
decisión de base: la comunidad de La Plata, ¿quiere
que la ciudad sea Patrimonio Mundial? Porque si no lo quiere, creo
que hay que respetarlo. No es obligación ser Patrimonio de
la Humanidad". La misma pregunta deberían hacerse los
promotores del proyecto a la hora de definir hacia qué intereses
se inclina la balanza. Y mientras se discute la fecha de la próxima
presentación ante la UNESCO, el interrogante sigue en pie
y crece como los edificios que aún hoy siguen construyéndose.
La pregunta surge una y otra vez: ¿Quién quiere que
La Plata sea Patrimonio de la Humanidad?
Rodolfo Livingston
La ciudad es la gente
Dice que Dios seguramente era arquitecto y que si fuera psicólogo
quizás el mundo sería perfecto. En pleno auge neoliberal
se fue a Cuba e implementó, junto al gobierno de Fidel, la
experiencia de diseño participativo, "El arquitecto
de la Comunidad", que aún sigue vigente. Y desde entonces
mantiene su romance con la isla. En 1989 fue nombrado Director General
del Centro Cultural Recoleta, pero según él mismo
dice, chocó con las estructuras del poder y fue expulsado,
como un cuerpo extraño, del organismo municipal. Se llama
Rodolfo Livingston y además de haber implementado un ejercicio
sui generis de la arquitectura, es autor de nueve libros. Desde
San Telmo, donde atiende personalmente a las familias en su "consultorio
de casas", reflexiona en un nuevo aniversario de La Plata.
-¿Cuál es tu opinión sobre la eventual declaración
de La Plata como Patrimonio Cultural de la Humanidad?
-Me parece muy bien que ocurra eso porque es una manera de proteger
una ciudad de los inversionistas o inmobiliarios, que sólo
persiguen su interés económico, en muchos casos con
la complicidad de los gobiernos. No estoy hablando de La Plata en
particular. Esto sucede en todas las ciudades del mundo. Declarar
algo patrimonio de la humanidad es un freno a la especulación
inmobiliaria, que termina por derrumbar edificios. Por eso en principio
me parece bien. Sin embargo, tienen un poco de razón los
que indican que una ciudad no son sólo los ladrillos. Una
ciudad es también la gente que la habita, es toda una unidad.
La prueba está en que ningún turista iría a
visitar ciudades vacías. La ciudad es la gente. Entonces,
desde este punto de vista, no se puede dejar de reconocer que muchas
ciudades argentinas tienen un 50 por ciento de pobres. Que no quiere
decir solamente que sean pobres sino que están en un sistema
cultural, social que hace que se altere la ciudad, porque se invade
la calle con cosas que a muchos les parecen feas, pero que no son
otra cosa que la realidad. Una forma de sintetizarlo es la siguiente:
la ciudad es la cara visible de una sociedad. Y así como
los humanos tenemos una cara que expresa nuestro estado de salud
y de ánimo, la ciudad no puede estar perfecta en una sociedad
que está pasando por una época realmente tremenda.
La belleza no puede mantenerse intacta; se ve alterada, alterada
como en una persona que tiene cáncer.
-Uno de los grandes problemas en la Argentina es el hábitat.
La Plata no es una excepción. ¿Es muy difícil
en un país como el nuestro solucionar este problema? ¿Y
qué políticas se podrían llevar a cabo para
esto?
-En realidad no se puede hablar del problema de la vivienda. Se
puede hablar de la cuestión de la vivienda. Es un emergente
de una situación social mucho más compleja. De nada
sirve darle una vivienda a un individuo que no tiene trabajo y no
puede pagarlo. Es uno de los tantos emergentes de la pobreza, como
son las cárceles y los juzgados de menores. Estuve hace poco
en uno. Todos son pobres allí, los chicos con las esposas
puestas
No había una sola persona de clase media. La
pobreza viene, con todo eso que se llama justicia, con la falta
de vivienda, la falta de instrucción, la violencia. Es imposible
imaginar una sociedad enferma con un sistema magnífico de
vivienda. De todas maneras, te puedo decir en las políticas
que creo y en las que no creo. Creo en las políticas donde
se fomenta la vivienda social, de gente que no tiene recursos, de
la autoconstrucción. Y de hecho ocurre en el país.
Para la autoconstrucción un tema fundamental es el terreno
y las redes. Entonces, que una persona tenga trabajo y que tenga
una guía técnica para hacer su vivienda, y se le facilite
un lote, es lo esencial. No la cajita construida y terminada.
-No a los planes de vivienda
.
-Claro. Y un no muy rotundo a los conjuntos habitacionales en los
que ya nadie cree en el mundo. Son guetos de pobres hechos con un
concepto de vivienda mínima, como si los pobres tuvieran
menos ropa, menos licuadoras, menos todo. La vivienda tipo es un
disparate absoluto. No sirve la vivienda apta para cualquier familia.
El tema de la vivienda debe tratarse uno a uno, aunque parezca un
disparate. Es como la salud. Cada familia es un mundo. Además
sobre las viviendas ya construidas se puede mejorar muchísimo
la habitabilidad, para lo cual no basta un crédito, hace
falta asistencia técnica. Hace falta atender familia por
familia como si fuera un caso clínico, porque la vivienda
es un cuerpo familiar. Al cuerpo individual le sigue el cuerpo familiar.
La cáscara que tiene la familia es la casa y no sólo
porque las familias son diferentes sino porque evolucionan en el
tiempo, tienen más hijos... Se incorpora el trabajo a la
vivienda, cada vez más. Por eso, la vivienda no es un objeto,
es un proceso. Se cree que los únicos que tienen derecho
a una casa a medida son los de clase media, que pueden llamar un
arquitecto. Los demás se tienen que conformar con una de
confección, que no encaja en la realidad.
-¿Cómo ves a la ciudad de La Plata hoy?
-Hace mucho que no voy, pero siempre me gustó muchísimo
por la cantidad de parques y de plazas. Tengo recuerdos muy lindos
de cuando era profesor de la Universidad de La Plata. El problema
es que me pierdo. Me desorientan las diagonales, que son todas iguales.
El trazado no sé si es tan maravilloso... Ese es un tema
de la arquitectura a tener en cuenta: la anomia. Uno debería
entrar y saber dónde está inmediatamente. Lo contrario
de eso es un shopping, donde a la gente la hacen perder a propósito.
Hay un sociólogo francés, llamado Auge, que vio eso.
Los llama "los no lugares". El otro día fui a un
shopping y no podía encontrar las escaleras para subir y
bajar y en un momento dado un empleado me dice que es a propósito,
para que esté obligado a recorrer todo. Es decir que el objetivo
no son las necesidades de la gente sino las del empresario al que
sólo le interesa vender. Que un lugar se exprese por sí
mismo es básico. Por eso el trazado de La Plata es bueno
y es malo. Es bueno porque está lleno de aire y plaza. No
sé... ¿Será que soy más despistado que
los demás? Además, nunca me gustó que las calles
se llamen por números.
-¿Seguís teniendo relación con Cuba?
-Sí, por supuesto. Cuba para mí es una novia inmortal,
una novia que no morirá. No sigo en la experiencia de diseño
participativo "El arquitecto de la Comunidad" porque el
plan ya está en marcha en el país, pero sigo en contacto:
escribí una columna semanal durante 120 ediciones del diario
cubano Juventud Rebelde. Ahora estas notas están en dos libros:
"La anatomía del sapo" y "Licencia para opinar".
-¿Volverías a la función pública?
-No, por este siglo no. El siglo que viene es posible.
El ideal
del siglo XIX
El decenio de 1880 abarca, en la Argentina, el pasaje del romanticismo
gauchesco al positivismo económico. Y la ciudad de La Plata
es el ejemplo más marcado. Dardo Rocha había impartido
directivas muy precisas a Benoit: había que aplicar los principios
higienistas en vigor en Europa.
Por aquellos días la ciudad ideal se vinculaba al progreso
técnico. Pero los principios a los que Pedro Benoit y sus
ingenieros se remitieron provienen de diferentes fuentes. Por un
lado, retomaron las ideas de las ciudades ideales de carácter
cerrado del renacimiento, que en su mayoría no salieron de
los tratados. Así, la composición simétrica
respecto de uno o varios ejes plasman la geometría que se
inserta en las preocupaciones generales del hombre en el universo.
Otra fuente de referencia fue la composición barroca en el
trazado de los espacios públicos. Siguiendo esto se pensaron
los parques y plazas situados en la intersección de las avenidas
y el diseño del eje monumental, tratado como un palacio lineal
que se remata en el bosque y se apoya a los lados por una serie
de diagonales.
Pero en el trazado no sólo se tuvieron en cuenta las ciudades
ideales de los tratados. El diseño tuvo también que
ver con las exigencias de la era industrial. De ahí vino
el esquema circulatorio donde se previó que sus vías
garantizaran un acceso fácil a los productos agrícolas
de la periferia hacia los barrios y el centro. De los principios
higienistas de la ciudad industrial del siglo XIX se tomó
el ancho de las avenidas, la multiplicación de los espacios
verdes y la promulgación de normas sanitarias que debían
guiar el desarrollo de la ciudad en el interior de su traza. Por
otra parte, las ocho diagonales que diagramó Benoit apuntaban
a plasmar la concepción del acceso igualitario a las funciones
centrales y administrativas.
Pero la nueva ciudad conservó además uno de los elementos
más tradicionales del urbanismo en América latina:
la cuadrícula, resultado de las leyes de los Reinos de Indias,
hasta ese momento una combinación única de diversas
doctrinas del urbanismo europeo y las experiencias del nuevo continente.
Lo cierto es que el plano de La Plata llegó a ser un verdadero
motivo de orgullo nacional. Sin ir más lejos, en un congreso
de Higiene y Demografía realizado en Viena en 1887 se debatió
ampliamente sobre nuestra ciudad. Y lo mismo ocurrió en la
exposición universal de París de 1889. Entonces surgieron
numerosos artículos científicos sobre nuestra ciudad
que fue una de las únicas en plasmar todos estos principios.
La ocupación
de los jardines
Una de las ocho características urbanas que justificaron
la postulación original de La Plata como Patrimonio de la
Humanidad fue la decisión de establecer jardines en los espacios
libres de las construcciones. Este criterio de organización
de la ciudad, vigente hasta la década del treinta, no sólo
contemplaba a los grandes edificios públicos, como la Legislatura,
sino también a comisarías, escuelas, hospitales e
iglesias. En el caso de los palacios públicos, su ubicación
en el centro de una manzana y el establecimiento de jardines aledaños
estuvo prevista en concursos internacionales de proyectos. Según
los requisitos exigidos, los edificios concursados debían
tener grandes patios interiores y galerías, y estar rodeados
de jardines. El criterio fue seguido incluso por construcciones
que no formaron parte de ese plan fundacional ni estuvieron regidas
por concursos. Por ejemplo, la actual sede del Rectorado de la UNLP,
proyectada en 1881 para el Banco Hipotecario de la Provincia, imita
esa característica.
La ruptura con la tradición de los jardines se hizo patente
en los años sesenta. En 1966, la casa matriz del Banco de
la Provincia, construyó su anexo sobre la calle 6 entre 46
y 47. Pero la ocupación más agresiva de los jardines
sucedió dos años más tarde, cuando la Universidad
emprendió la construcción del "Edificio de las
Tres Facultades" (ver La Pulseada Nº 23).
Otra pérdida se produjo con el incendio del Teatro Argentino,
en octubre de 1977, pues la edificación del nuevo teatro,
iniciada en 1980, no consideró los jardines perimetrales.
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citando la fuente y remitiendo un ejemplar de la publicación
a La Pulseada.
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