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NÚMERO
18 - MARZO 2004
El fútbol
se defiende del capital privado
LA PELOTA
ES DE TODOS
La falsa
idea de que el éxito sólo llegará de la mano
de unos pocos vivos con billeteras gordas, que en los '90 inundó
la vida argentina, también pretendió tomar de arrebato
a las instituciones del fútbol. El estruendoso fracaso del
empresario Daniel Grinbank, con el Leganés de España,
no hace más que poner al descubierto la mezquindad de la
jugada. Desde las entrañas mismas de los clubes argentinos,
muchos dirigentes importantes le hacen frente al ejército
de gerenciadores y revalorizan el concepto de defender un bien común,
que pertenece únicamente a los socios y a las comunidades
que los cobijan.
Aunque muchos
medios se encargaron de mirar para otro lado, una de las noticias
del verano deportivo no hizo otra cosa que demostrar que aquellas
mieles con las que nos pretendían hacer creer que "todo
va mejor con capitales privados", no es más que el mentiroso
estandarte de esa banda de "d..." (por autocensura no
considerar ese calificativo)... de "prohombres de los '90"
que, afortunadamente, está en franco retroceso. Desde España
nos avisaron que el promocionado proyecto de hacer grande al Leganés,
el club de la segunda división comprado por Daniel Grinbank,
se estaba yendo al canasto porque el propio empresario estaba huyendo
al ver que el negocio que había pensado no era tal. Quien
antes pretendió hacer lo mismo con nuestro Independiente,
había llevado a José Pekerman como manager, a Carlos
Aimar como técnico, a Víctor Marchesini como ayudante
y a 14 jugadores argentinos, entre los que los platenses destacamos
al ex gimnasista Claudio Enría, para hacer subir al equipo
a la Primera española. Había contratos de cinco años
y grandes sueldos... La mayoría trasladó a sus familias,
alquiló residencias, anotó a los chicos en las escuelas
y se aprestó a vivir una hermosa experiencia europea. Pero
no. De la noche a la mañana se encontraron varados lejos
de casa porque el dueño de la pelota se había dado
cuenta de que no iba a ganar tanto dinero como imaginaba. Y sin
avisar nada, se fue al quinto mes.
El propio Grinbank nos aportó mucha letra a quienes descreemos
que al fútbol lo deben manejar terceros con una billetera
gorda. El exitoso empresario relató luego que "nuestro
proyecto era ambicioso, no a corto plazo. El objetivo era, en un
tiempo prudencial, llevar al Leganés a Primera. Reconozco
que me equivoqué. No niego el error empresarial. Es más,
me ocasionó un quebranto de un par de millones de euros.
Lo único que hicimos es disponer del uso de la condición
suspensiva del contrato, cuando las cosas no se dieron como habíamos
proyectado". Clarito. Cuando vio que el negocio no era tal,
se olvidó del Leganés y de su sueño de ascender.
Y también de la "mano de obra" a la que había
acudido.
Lo de Grinbank no hace más que demostrar la falacia de la
propuesta que, desde hace años, vienen impulsando dirigentes
como Mauricio Macri, y que no es otra cosa que la pata futbolística
de lo que ocurrió en el país durante la década
menemista con las privatizaciones de los ferrocarriles, del petroleo
y de todos los servicios públicos.
No estamos
solos
Desde hace un tiempo, un grupo de dirigentes del fútbol le
ha dado forma, y mucha fuerza, a la idea de revalorizar el concepto
que le dio vida a todos los clubes de fútbol. Que no es distinto
al que provocó el nacimiento de los miles de clubes de barrio
que en el siglo anterior inundaron la Argentina y que hicieron de
la lucha solidaria y colectiva un bastión para el crecimiento
de casi todas las comunidades del país. A través del
fútbol en muchos casos, o de otras expresiones deportivas,
sociales y culturales, en otros tantos.
Así, estos dirigentes se propusieron aparecer como la contracara
de Macri y Cía. y fundaron el "Foro de entidades deportivas
en manos de los socios". Esta entidad, apareció hace
algo más de tres años "porque nos dolía
lo que estaba pasando en muchos clubes. En el fútbol, nos
estaban vendiendo la misma receta que se estaba vendiendo en el
país y que no podía llevarnos a otro lado que al que
lamentablemente nos llevó", sintetizaron sus creadores.
Uno de esos fundadores fue Rubén Vázquez, que había
sido vicepresidente de Independiente por los '70, en la época
en que lo presidía Julio Humberto Grondona, que hoy desde
el sillón de capo de la AFA -y de casi capo de la FIFA- mira
la situación haciéndose el distraído. Vázquez
se juntó con varios directivos del fútbol. Allí
estaban el ex presidente de Lanús, Emilio Chebel; el titular
de River Plate, José María Aguilar; el de Vélez,
Raúl Games, y Carlos Heller, que había sido vicepresidente
de Boca. Pronto se juntaron con Néstor Vicente de Huracán
y con Tito Guerra de Nueva Chicago. Y sumaron aportes de otros sectores:
el hoy canciller Rafael Bielsa y periodistas como César Francis
y Adrián Paenza, por citar a algunos.
Relató Vázquez que "vimos que había un
concepto en común sostener a estas formaciones del pueblo.
En todo esto existe un concepto que hay que tener muy en claro:
si alguien invierte en algo, lo hace para ganar plata y no para
otra cosa. Lo que los socios de los clubes de fútbol deben
entender es que cuando alguien se acerca a su club con toda su 'bondad'
a cuestas, en realidad llega con aquella premisa. Por lo tanto,
hay que saber que cuando el negocio comience a irle mal, se irá
con su plata y su 'bondad' a otro lado. Con todo el dolor del alma,
debo decir que a mi club, Independiente, le está pasando
eso en la actualidad y que nosotros, sus socios, no lo hemos sabido
impedir. Llegaron con la plata, armaron un club vidriera, trajeron
a los jugadores, salimos campeones y luego se llevaron todo y dejaron
un desierto del cual ahora hay que salir. Para esto hay toda una
técnica previa, sobre la que hay que estar muy alerta: aparecerá
alguien para romper desde adentro, devaluar lo que existe desde
adentro para que después venga otro desde afuera a comprar
por chauchas lo que en realidad vale millones. Porque en realidad,
lo que se compra o se alquila, es la marca que tiene un valor infinito,
que nadie puede desmerecer por más que te vaya mal en lo
deportivo. Ya decía Yrigoyen: 'Le tengo más miedo
a los que me quieren vender de adentro, que a los que me quieren
comprar de afuera'. Y eso ha pasado en el fútbol y, lamentablemente,
en el país todo. Yo pediría que me expliquen cómo
se puede devaluar la marca Boca, River, Independiente, Estudiantes
o Gimnasia, si se buscara comprarla a valores reales".
Vázquez, quien ostenta la presidencia del Foro, aseguró
que "en la actualidad, y a pesar de que el país está
viendo el triste resultado de esa ola privatista, el peligro sigue
existiendo. Enmascarados, en forma encubierta, allí siguen
estando los que nos quieren hacer creer que todo es mejor si lo
manejan otros. Es decir, que unos pocos se aprovechen de lo producido
por miles de personas durante decenas de años".
A la hora de las propuestas, el ex dirigente de Independiente explicó
que "debemos lograr que, sobre la base de la consulta a la
largo de todo el país, con la creación de talleres
de trabajo, podamos armar un proyecto de ley nacional del deporte
y también elaborar políticas de estado para el deporte
que establezcan una línea nacional en la materia y una aplicación
regional y local de esas ideas. Tiene que quedar en claro el rol
que debe cumplir el Estado, porque ya se ha visto cuál es
el resultado de un Estado ausente. También hay que lograr
un trato diferenciado para con estas instituciones sin fines de
lucro que, en muchísimos casos, ocupan el lugar dejado por
el mismo Estado. Creemos que debe haber una política de compensación
para estas entidades sostenidas a pulmón, que ahora deben
pagar las mismos impuestos y los mismos servicios que paga alguien
que se dedica a utilizar ese espacio y esos servicios pero para
su lucro personal. También decimos que hay que crear mecanismos
legales para garantizar la transparencia en el manejo de los bienes
ajenos, para que en los clubes haya principios de control societario.
Tampoco queremos que existan casos como el que se produce en Boca,
en el que estatutariamente se exigen avales bancarios para poder
ser candidato.
Este fenómeno, inimaginable para estos tiempos, nos retrotrae
a la época del voto calificado y nos instala la idea de que
para ser dirigente alguien es bueno si tiene plata y malo si no
la tiene. Es inaceptable e inconstitucional. El ser dirigente está
emparentado con un sentido de militancia social, básicamente
emparentado con los que menos tienen. Es como si el sentimiento
de hacer algo por los demás estuviera mal visto. Esto no
inhabilita el concepto, por el que sí bregamos, de que debe
haber responsabilidad de los dirigentes para el manejo de la cosa
ajena o común. Para eso luchamos por la capacitación
de los dirigentes porque no alcanza con buena voluntad y honestidad,
sino que hay que agregarle conocimientos. La capacitación
debe ser permanente para que podamos demostrar que la eficiencia,
la democracia y el éxito son compatibles", remató
el titular del Foro.
En defensa
de la identidad nacional
Otra de las voces fundadoras de este polo de ideas, es Emilio Chebel,
que pertenece a un club, como Lanús, que ha hecho escuela
en eso de transitar a pura democracia interna por el camino del
crecimiento de las instituciones civiles, con una rotación
en el mandato entre las distintas agrupaciones internas que resultó
admirable en los últimos años. Chebel le aseguró
a La Pulseada que "queremos que se escuche una voz de alternativa
a un proceso de 'privatización' que comenzó con la
euforia de la década menemista y que, afortunadamente, fue
resistida por la mayoría de los clubes. La idea es que los
socios de todos los clubes del fútbol tomen conciencia de
esta situación y que las comunidades defiendan su sentido
de pertenencia, que se refleja básicamente en cada club de
barrio, en las ligas, en las federaciones de cualquier tipo de actividades
deportivas, sociales y culturales.
Apostamos a que se reconstruya el tejido social, porque creemos
que también servirá para recuperar la identidad nacional
a partir de eso. Nosotros consideramos que los clubes forman parte
vital del ser nacional, del ser argentino; entonces este tipo de
construcciones suponen necesariamente militancia y defensa de conceptos
colectivos. La idea es que si sostenemos los clubes, vamos a tener
que abrir menos reformatorios. La intención -agregó-
es volver a las fuentes que llevaron a la creación de este
tipo de entidades en el siglo anterior. Los clubes necesitan el
aporte de la comunidad para ser sostenidos, capacitación
en sus dirigentes, control, transparencia, democratización
interna y el convencimiento de que las instituciones así
desarrolladas le dieron cien años de gloria al deporte argentino.
La destrucción de todo ese tejido, el concepto de que darle
todo esto al lucro de terceros iba a resultar una panacea, va quedando
de lado. Esta claro que esa forma de gestionar arrasa con el concepto
de solidaridad y constituye un despojo al contenido social y cultural.
Es precisamente ese esquema el que pretendemos combatir. Creo que
si recuperamos el sentido de identidad y de pertenencia, a los clubes
nos irá mejor, pero también al país le irá
mejor. Acá hubo todo un tiempo de ataque y desprestigio hacia
los clubes, que coincidió con el ataque y el desprestigio
a todo lo público. Y así nos fue. Muy pocos formatos
le han dado más que los clubes al sentido colectivo de la
sociedad. A mí me parece que cuanta más inclusión,
más democratización y más sentido comunitario
en las cosas locales podamos poner, más identidad nacional
vamos a lograr en lo general".
Más allá de esa encendida defensa que Chebel realiza
de los valores fundacionales del grupo, el directivo se mostró
consciente de las dificultades que aparecerán en el camino:
"Todos sabemos que en los clubes hay demasiados problemas por
resolver; sabemos que el país adolece, entre tantas cosas,
de una política para incorporar al deporte como derecho social;
sabemos que faltan recursos y también mejores dirigentes,
pero sabemos también que las reservas de solidaridad son
grandes todavía y que los clubes siguen vivos y fuertes como
para defender aquellos valores que los hicieron trascender. Hay
que advertir sobre la vigencia de viejos peligros que rodean a nuestras
entidades, a las que deberemos manejar con mayor criterio y seriedad
que nunca, porque los tiempos que vienen siguen siendo de mercado
y de la mal llamada 'eficiencia' que no contempla aspectos sociales
y culturales. Existe un perverso manejo de la opinión pública
que tiende a contraponer el éxito deportivo a los valores
de defensa de lo comunitario, de lo solidario, de lo participativo.
Se alienta el caudillaje de un empresario maravilloso que todo lo
resolverá con su probada capacidad para el 'éxito
económico', pero que se olvidará de miles de chicos
marginados que serán carne de reformatorio si no son acercados
a los clubes".
Entre la
eficacia y la pasión
Por José María Aguilar *
A mí
me toca ser titular de un club como River y vicepresidente de la
AFA, y nos quieren hacer creer que esto me debiera inhibir de tener
los mismos pensamientos que el resto de mis compañeros del
Foro. De ninguna manera y por ejemplo, digo que no conozco ninguna
razón valedera que obligue a transformar a las sociedades
civiles en sociedades anónimas. Los clubes de fútbol
tenemos muchísimos problemas; los hay muy bien conducidos
y, también, muy mal conducidos. Pero lo que no podemos aceptar
es que se quiera introducir la idea de que, mágicamente,
por la simple reconversión en otra estructura jurídica
se vayan a eliminar esos inconvenientes. Los gerenciados tienen
las mismas dificultades que el resto y no veo por qué estén
más capacitados para resolver cuestiones como la violencia,
los costos del fútbol y la generación de recursos,
entre otras. Lo que sí hay que entender es que la honorabilidad
y el conocimiento pasa por cualidades personales de cada uno, y
no creo que alguien se convierta en bueno y capaz por estar en una
sociedad anónima o en malo por presidir un club de barrio.
Muchas veces hemos visto que ocurre todo lo contrario. La forma
de medir es absolutamente diferente y es algo de tenemos que preservar
como sociedad. Los clubes son de los socios y para seguir defendiendo
esa postura tendremos que garantizar el camino de la eficacia. La
cuestión pasa por resolver qué es la eficacia. Si
sólo se refiere al triunfo futbolístico o si también
pasa por otros lados. En el fútbol existe el condimento de
la pasión, pero eso no debe hacernos perder de vista la idea
de para qué queremos los clubes. Los clubes son una fábrica
de alegrías y de penurias deportivas, pero también
son un espacio de solidaridad, de esfuerzo comunitario, de reunión
de miles de pibes practicando deportes o asistiendo a una escuela
y generando un fenómeno de contención inigualable.
* Presidente de River Plate
El rol del
periodismo
Por César Francis *
El compromiso
del periodismo debe ser absoluto en estas cuestiones relacionadas
a la defensa de las instituciones civiles. Debemos entender que
la pasión que genera el fútbol, no sólo lleva
a que los dirigentes endeuden más de lo debido a los clubes
-apostando a comprar al 9 goleador para conseguir el campeonato
y que los socios ni se preocupen por cómo se administra el
bien de todos- sino que ha llevado a los periodistas a desviar la
atención sobre la importancia que tiene defender el patrimonio
común y social que representan estas entidades comunitarias.
Nosotros también nos pasamos las horas hablando del éxito
deportivo, pero hacemos la vista gorda -por complicidad en algunos
casos- sobre la esencia de este tipo de instituciones, sobre la
falta de controles, sobre la falta de política deportiva
seria en el país. El deporte es un espejo de la sociedad
y si algo caracterizó al desastre conceptual de los '90 fue,
precisamente, la crisis dirigencial y política. Obviamente,
esto también se vio en el fútbol. Igual pasó
con la violencia, la falta de independencia en la administración
de justicia y otros valores que se degradaron. Los periodistas debemos
bajar del pedestal al que nos subimos para señalar errores
de otros, para comprometernos en la defensa de esos valores.
Hay que erradicar aquella creencia de que lo privado, lo comercial,
o lo que tiene fines de lucro, es necesariamente exitoso. Leamos
los diarios cualquier día y veremos que montones de sociedades
anónimas se presentan en quiebra. Veamos lo que está
pasando en el mundo con las sociedades anónimas deportivas
y observaremos que fracasan en todos los países. Está
demostrado que cambiar la finalidad de una institución, pasarla
de no lucrativa a lucrativa, no garantiza éxito alguno. Entonces,
el desafío pasa por no regalarle al mercado lo que es comunitario,
lo que es la gestión de participación popular y masiva
que representan los clubes. Hay que preservarlo dando la batalla
donde la tenemos que dar, luchando junto a los socios. Hay que tratar
de ser más eficientes pero no en los términos que
le dan a la palabra eficiencia los reyes del mercado, porque los
clubes no tienen por qué dar superávit. Eso no está
en sus fines; un club puede estar equilibrado, o hasta arrojar en
su balance un déficit manejable en el siguiente período
-porque se realizó una obra, por ejemplo-, y así estar
en perfectas condiciones y cumpliendo con creces su función.
¿Qué pasa en el mundo con este tema? Las sociedades
anónimas presentan un pasivo sideral, muy superior al que
muestran en nuestro país los clubes. En mayo del 2003, junto
a Emilio Chebel y José María Aguilar, participe de
un congreso en Barcelona y vimos cosas increíbles. El empresario
que maneja al Españyol decía que las sociedades fracasaron
por el miedo a descender, que los hacia gastar más de lo
debido, y por eso estaban sus empresas al rojo y por eso pedían
subvenciones impositivas o fiscales. En Italia, el Senado acaba
de dictar una "Ley Salvafútbol" que condona las
deudas impositivas de las sociedades durante 10 años. Eso
deberían recibir nuestros clubes, que también prestan
un servicio social y no ellos que tienen un negocio para lucrar,
ellos que quieren pagar menos para poder tener una mayor ganancia
personal. Los "yupies" del Primer Mundo piden esa ayuda,
mientras nos dicen que nosotros debemos entregar nuestros bienes
para que ellos los hagan eficientes. Entonces, evitemos comprar
espejitos de colores. La solución no está en dar lo
que es de todos a unos pocos vivos que se quedarán con la
porción más rentable y se olvidarán la otra
tarea que es mucho más importante.
Para dar esta lucha, deberemos mejorar y aprender. Por eso, también
apostamos a democratizar y oxigenar a los clubes. Le decimos que
no a las reelecciones indefinidas, para que nadie se haga dueño
de lo que es de todos; pedimos mayor rigor en los controles sobre
estas instituciones; queremos que los órganos de contralor
de los clubes no sean elegidos por lista sábanas y que sus
mandatos excedan a los de los demás directivos; también
que haya representación de minorías y que no exista
ningún tipo de discriminación, como esto de medir
a los candidatos por su billetera que se da en Boca.
* Abogado y periodista del equipo "Competencia" de
Radio Continental
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