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NÚMERO
18 - MARZO 2004
Penurias
en un mundo de veinte asientos
EL SUT "BAJÓ"
A CIEN TRABAJADORES
El actual
sistema de transporte de la ciudad ya dio y sigue dando qué
hablar. Mucho se dijo sobre los inconvenientes causados a los usuarios
por el cambio de recorridos, la mentira del boleto a 0,85 centavos
y las eternas esperas en las paradas. Pero nadie reparó en
las consecuencias que la implementación del SUT trajo a los
que todos los días trabajan en el sistema urbano de transporte.
La situación laboral de quienes sufrieron los traslados de
una empresa a otra se deterioró significativamente y muchos,
después de sufrir presiones y maltratos, ya están
en la calle.
Por Sabina
Crivelli
"Nos trasladaron
como si fuéramos ganado, como si nos sacaran de un corral
y nos tiraran a otro", cuenta todavía con bronca y un
dejo de sabor amargo un ex empleado al que llamaremos Pablo González
para respetar su pedido de preservar la identidad. Es que antes
del 15 de mayo de 2002 Pablo era mecánico, como desde hacía
15 años, en la empresa de transporte de la línea 518.
Pero llegó el bendito (o maldito) día en que se puso
en marcha la anunciada reforma. Y a partir de entonces las cosas
se pusieron difíciles, no sólo para los desconcertados
pasajeros.
Para la implementación del nuevo sistema, las empresas de
transporte se unificaron en cuatro zonas de operación bajo
el mando de la Unión Transitoria de Empresas (UTE). Se previó
entonces que los choferes y empleados fueran transferidos de una
línea a otra y que firmaran un nuevo contrato laboral. Esto
era lo que había acordado el sindicato (Unión Tranviarios
Automotor) para "cuidar los puestos de trabajo". Pero
muchos empleados desconfiados con la UTA, no terminaban de creer
en sus promesas. Y el tiempo les dio la razón. Aún
hoy el sindicato sostiene que no se perdieron puestos de trabajo.
La realidad muestra otra cosa pero como, según denuncian
las víctimas, se trata de despidos encubiertos y nadie lleva
organizadamente la cuenta, no es posible precisar cuántos
efectivamente perdieron su fuente de trabajo a partir de la puesta
en marcha del Sistema Urbano de Transporte (SUT). Sin embargo, los
choferes consultados arriesgan un número: creen que desde
el 15 de mayo a la fecha son por lo menos cien los que han quedado
en la calle.
Pese a todo,
resistir...
Con el traspaso, aparentemente estaba resuelto el aspecto laboral
de la reforma. Y nadie puso mucha más atención a las
condiciones laborales que sobrevinieron con el SUT. Pero, según
dicen los que debieron "aterrizar" en otro ámbito
de trabajo, los nuevos empleadores enseguida les hicieron sentir
que estaban de más y que no los querían allí.
"Al principio no nos daban ni recibo. Se armó lío
y aparecieron los recibos", recuerda Pablo González.
Los trasladados debieron empezar a pagar derecho de piso y soportar
todo tipo de humillaciones. Blanca Carnevali, la primera y única
mujer colectivera de la ciudad, aguantó como la mayoría
hasta caer enferma (ver recuadro). Venía de la 518 y la trasladaron
a la 508. La línea 518 tenía 70 coches y se quedó
sólo con 36. Los empleados con menor antigüedad debieron
ser trasladados a las empresas que aumentaron sus recorridos. De
lo que significó ese cambio habla Blanca: "Los 33 de
la 518 que fuimos a parar a la 508, llegamos sin entender nada.
Estábamos como pollitos mojados. Por suerte éramos
muchos en la misma. Estábamos todos juntos con los que venían
de otras empresas como la ´61, la ´6 y la ´20...
Con el mismo miedo", recuerda con lágrimas en los ojos.
Y continúa: "La 518 era una empresa muy derecha. Y de
repente, caer en una empresa como la 508, en la que tenés
muchas obligaciones pero ningún derecho, te cae muy mal.
Yo tenía un estado depresivo ya por el traslado. En mi empresa
me había hecho amiga de 200 tipos; ellos me querían
y yo a ellos, y de repente me cambian a un lugar donde hay 500 que
no conozco", relata y detalla: "No tenía mi baño;
tenía que usar el mismo que esos 500, cuando en la 518 tenía
un baño para mí. Ellos tenían una mujer y se
hacían cargo. Era obvio que yo no podía orinar en
un lugar donde entrás y hay cinco hombres en el mingitorio",
se enoja Blanquita, como la llaman cariñosamente sus compañeros.
Además, cuenta que con sus nuevos empleadores pasó
un año y medio hasta que le entregaron el uniforme con el
talle correspondiente. También pasó de un horario
fijo en la 518 a no saber con qué se podía encontrar.
Blanca aclara que se sintió discriminada y no sólo
por ser mujer. "Me sentí una basura por ser personal
de ahí. En la 508 me hicieron sentir así. Sos un esclavo.
Si te gusta bien y si no, te vas", describe. "Te manejan
los horarios como se les canta; te dan el coche que quieren. Si
vos practicaste el recorrido para la Norte, te puede tocar Oeste,
que también es de la 508, y arreglate", cuenta todavía
dolorida.
Según explican los consultados, a los choferes que vienen
de otras líneas, tanto en la 508 como en la Línea
Siete, el día a día se les hace muy difícil.
Dicen que es moneda corriente el pase de factura de los patrones
a los empleados traspasados, por haber tenido que tomarlos. Sobre
eso opina Leandro Cañedo, un ex chofer de la 561 que terminó
en la Línea Siete: "En esta línea es muy común
que nos echen en cara que se hicieron cargo de nosotros, pero yo
vine con un par de ramales y recorridos nuevos también",
ironiza Cañedo. Para los empleados que sufrieron el traspaso,
se precarizaron las condiciones laborales. "Antes yo cobraba
mi sueldo en su totalidad y ahora lo cobro en cuotas. De los 21
días de vacaciones que me correspondían me dieron
14, por un arreglo que hicieron ellos. A mí ni se me preguntó",
dice Blanca Carnevali. El mecánico González agrega
que además, "vivís presionado. No te podés
equivocar en nada, no podés llegar dos minutos tarde porque
te marcan". Y en algunos casos se sumó la discriminación.
De eso da fe Julio Fleitas , ex chofer de la 518 que pasó
a la 307: "En la Siete te ubican según tu aspecto. Si
te ven medio gordo, te faltan dientes, o sos desaliñado,
te ofrecen 'arreglar' para que dejes la empresa. Y si no te hacen
la vida imposible para que vos te vayas. Nos discriminan a los que
venimos de la 6, la 61 y la 18", explica Fleitas, (ver recuadro).
Cañedo, que también "aterrizó" en
la Siete, coincide.
¿Despidos
encubiertos?
Todos los choferes entrevistados aseveran que las empresas Línea
Siete y 508, que fueron las que más empleados absorbieron
de las otras líneas, se los quieren sacar de encima. Antes
de la reforma, Oscar Pedroza, el titular de la UTA de La Plata,
intentó tranquilizar a los más desconfiados. Aseguró
que el tema estaba resuelto con la existencia de una cláusula
donde quedaba establecida la prohibición de realizar despidos
invocando razones económicas. De ocurrir esto, la empresa
perdería automáticamente la concesión. Pero
no hizo falta alegar razones económicas. Dicen los choferes
que una gran mayoría "arregló" con algo
de efectivo por debajo de la mesa. Fue una especie de retiro voluntario
por el que muchos recibieron algo de "cash" (menos que
la correspondida indemnización) y otros fueron tentados con
la entrega de taxis y remises. Hubo también quienes no aceptaron
el cambio de una empresa a otra y decidieron irse por sus propios
medios. Pero la mayoría no tuvo opción. Había
que seguir adelante para mantener a la familia.
Blanquita, González y Fleitas hoy están desocupados.
Los tres tienen familias que mantener. También los tres,
como muchos otros, se enfermaron a raíz de las presiones
vividas con el traspaso y actualmente están medicados con
tranquilizantes. En diferentes momentos y empresas, pidieron algunos
días de carpeta por prescripción médica. Y
tanto en la 508 como en la Línea Siete se encargaron de hacerlos
ver por los médicos auditores de la clínica Metropolitan.
Los profesionales de esta clínica prestadora de servicios
para una aseguradora de riesgos de trabajo (ART) desconocieron los
diagnósticos de los médicos de cada uno de los empleados
y los mandaron a trabajar. A Fleitas llegaron a decirle que fuera
a barrer en vez de manejar. Pero como ninguno de los tres estaba
en condiciones de presentarse, a González y a Fleitas les
llegó un telegrama alegando "abandono de trabajo"
como causal de despido. Blanquita no recibió ningún
telegrama, no fue despedida, pero sin embargo, desde que pidió
carpeta médica no cobra el sueldo.
Pero no hace falta enfermarse. Según cuenta Blanquita, hay
choferes que quedaron afuera por los motivos más insólitos.
Uno de los casos que pone de ejemplo es el de Juárez, un
ex empleado de la 518 que pasó a la 508: lo culparon de fundir
un motor y luego lo presionaron para que agarre unos pesos y renuncie.
Frente a la presión, Juárez cedió. Cuando llegó
la hora de recibir la plata, se encontró con que de los 8
mil pesos que le iban a dar recibió la mitad porque le cobraron
el arreglo del motor. A otros los culparon de robar gasoil o robar
herramientas. El mecánico González tiene una opinión
al respecto: "Son presiones que hacen los tipos. Juegan con
tu necesidad. Un 80% arregla porque está desesperado. Todas
las acusaciones y suspensiones son para la gente que viene de afuera,
de otras empresas. Si un mecánico de la 508 se mandó
una macana y al otro día viene uno trasladado de la 520 y
llega a tocar lo que arruinó el otro, lo acusan a él",
explica Pablo.
Leandro Cañedo, el ex chofer de la 561, tampoco se salvó.
Chocó con un micro sin frenos y hoy también está
despedido. "Cualquier cosita es buena como excusa", destaca
Leandro.
La Pulseada pidió telefónicamente una entrevista con
algún directivo de la 508 para que dé su versión
sobre las denuncias de despidos efectuadas por los empleados. Alguien
que prefirió no identificarse, negó de manera casi
intimidatoria que hubiera despidos. También consideró
que esto no merecía más atención y, con la
prepotencia característica de la impunidad, clausuró
el asunto.
Sin embargo, los empleados aseguran que cada día son más
los que pasan a engrosar, silenciosamente, la lista de desocupados.
González agrega una anécdota que grafica su sospecha
acerca de la existencia de un planeado "modus operandi":
"Me llamaron a declarar por un robo de monedas ocurrido en
febrero del año pasado y en esa fecha yo estaba de vacaciones.
Entonces le dije al que me tomó la declaración que
llamara a quienes manejan las llaves, a los recaudadores. Yo soy
mecánico", recuerda y se indigna Pablo. Y enseguida
se le ocurrió nombrar a todos los compañeros trasladados
de otras empresas para ver si estaban citados como sospechosos.
"Le nombré todos los mecánicos que venían
de la 518 y de la 520. Estaban todos en la lista. No había
uno de la 508. Tratan de embarrar a la gente que viene de afuera.
Se la roban ellos mismos y ensucian a los demás. Ahora implicaron
a otro por robo de herramientas. Y ni herramientas tienen... Yo
tenía que llevar las mías", se enoja.
El mecánico González fue uno de los primeros en quedar
despedido y por eso alerta en base a su experiencia: "La empresa
508 cada dos meses cambia de nombre. Al principio, se llamaba "Empresa
9 de Julio UTE". Cuando empezaron a dar los recibos se llamó
"Empresa 9 de julio UTE I.S.A.T", y cada vez cambió
inclusive el número de CUIT. Después de dos o tres
meses más volvió a cambiar, con otro CUIT. El último,
ahora, es "EM. 9 de julio I", explica González.
Y agrega que según su abogado, hay que hacerle juicio a las
4 empresas. "Pero no todos se avivan de esto", dice y
además agrega: "Yo que estoy en juicio con la empresa
y necesito que me salgan de testigo algunos compañeros, pero
no me van a querer salir porque los tienen amenazados", explica.
Blanca Carnevali, la colectivera que pasó a la historia en
el "libro oficial" de la ciudad, hoy está afuera
del trabajo que fue motivo de su orgullo. "¿Cuál
es la idea de ellos?", pregunta como si la respuesta casi no
necesitara aclaración. "Sacarnos de a poquito a todos
los trasladados. Y se sabía de entrada que iba a pasar eso".
Muchas preguntas
sin respuesta
¿Por qué se sostiene un sistema de transporte urbano
que sólo ha recibido críticas y sumado quejas? El
15 de mayo se cumplirán dos años de la implementación
del SUT y a simple vista el saldo de la reforma parece ser más
que negativo.
Empresarios, concejales, choferes y ciudadanos coinciden en que
el principal logro del nuevo Sistema fue la disminución del
uso del colectivo para el transporte local. Y entonces, ¿por
qué se insiste en su vigencia? De la Municipalidad sólo
surge el silencio de una entrevista nunca concedida a este medio.
A esto se suma la gran cantidad de choferes despedidos. Una lista
que aumenta día a día. Sin embargo, según afirman
los empleados del transporte urbano consultados, no sobra personal
en las empresas. ¿Cuál es entonces el "leit motiv"
de los empresarios para dejar tantos choferes en la calle? ¿Dónde
está la UTA y cómo defiende a los trabajadores del
transporte?
Por otra parte, ¿por qué tiene que cambiar tantas
veces de nombre una empresa en tan breve período de tiempo?
Un comisario que supo ser en otros tiempos empresario del transporte
asegura que los verdaderos dueños de las empresas no figuran
como tales. "Se manejan con presta-nombres... Figuran choferes
y simples empleados como dueños". ¿Por qué
tienen que ocultar su identidad estos misteriosos empresarios? Nadie
sabe a ciencia cierta quiénes son en realidad los "ganadores"
del SUT. Sin embargo, no quedan dudas sobre los perdedores: aquellos
que deben optar entre subirse a un taxi, un remise o una bicicleta
para trasladarse y peor aún, todos los que perdieron o están
por perder su fuente de sustento.
Visionarios
A principio del 2002 muchos vislumbraron la tormenta. Cuando todavía
el transporte no era un tema recurrente y los usuarios aún
estaban esperando la buena nueva, algunos choferes de distintas
empresas advirtieron las consecuencias. No tenían poderes
sobrenaturales, pero anunciaron con exactitud lo que vendría.
El 9 marzo de ese año, empleados del transporte disidentes
con su gremio cortaron la avenida 7 y se manifestaron en contra
de la reforma. Los choferes en esa oportunidad repudiaron a los
dirigentes de la Unión Tranviaria Automotor (UTA), porque
consideraban que éstos no sólo no apoyaban el reclamo
sino que, además, estaban abriendo las puertas, con la negociación,
a los despidos encubiertos. También plantearon en esa oportunidad
que temían perder la antigüedad entre tanto cambio.
Además, pusieron en sobreaviso a los usuarios. Anunciaron
que el boleto único de 85 centavos no podía existir.
Para los choferes, "el precio será de 1,20 pesos",
declararon entonces a los medios de comunicación. Pero nadie
prestó mucha atención. Todavía no se habían
perdido recorridos y combinaciones, no había aumentado el
boleto, y no habían quebrado tres empresas de transporte.
Todavía faltaba correr mucha agua bajo el puente.
Rayitas
El mecánico Pablo González fue uno de los primeros
traspasados en ser despedido. Cuenta que todo se complicó
más cuando, después de 6 meses de estar en la 508,
descubrió que no tenía obra social. En la empresa
no le estaban haciendo los aportes. "Por supuesto que sí
me hacían el descuento del sueldo. Entonces mi mujer fue
a hablar a la empresa y les dijo que si no depositaban la plata
iba a iniciar acciones legales. A raíz de eso me agarró
el gerente", cuenta Alejandro. Y agrega: "Vos en esa empresa
no podés defender tus derechos porque a ellos no les gusta,
y el sindicato no existe; está vendido", arriesga el
mecánico.
Después hubo un accidente. "Ocurrió con un pibe,
que no era de la empresa, que pone los vigia en los motores. Él
estaba trabajando con la mano en el motor, entre las correas, y
el jefe del taller dijo, sin mirar, que le dieran arranque. Le arrancaron
todo el brazo. Tuve que hacerle un torniquete yo porque nadie se
calentaba. El chico se me desmayó en los brazos. Nunca me
olvido de eso... Tengo las imágenes", recuerda Pablo.
El accidentado inició acciones legales contra la empresa
y le pidió a Pablo que le saliera de testigo. Aceptó
pero vinieron las represalias. A los 4 días lo cambiaron
de horario. "Me mandaron desde las 7 de la tarde hasta las
3 de la mañana, con cualquier excusa. Son todas presiones.
No podés ver ni oír nada", explica.
Por si esto fuera poco, un trabajador despedido, que nos pidió
que su nombre no fuera publicado, dijo haber sido testigo de un
oscuro episodio ocurrido en una línea muy popular que circula
por toda la Avenida 44: "Un día le pusieron a un choche
sin papeles un motor completito que habría sido robado...
Borraron el número del motor en mi presencia. Justo estaba
el gerente y eso le sumó otra rayita a mi hoja de servicio".
Según nos dijo luego, ese motor estaría puesto en
algún coche, entre los internos 84 y 86, de una de las líneas
que nació con el SUT.
Blanquita,
la colectivera
Blanca Carnevali, a los 40 años, es dueña de una figura
escultural. Tiene el pelo rubio casi hasta a la cintura y es muy
coqueta. "¿Creías que ibas a encontrar una gorda,
petisa y de pelo corto?", bromeó Carnevali ante el asombro
de esta periodista, que tuvo que reconocer que no se equivocaba.
Así empezó la charla con la colectivera que, a pesar
de tener hoy al descubierto su fragilidad, promete a simple vista
volver a ser una topadora: "Yo iba a trabajar todos los días
así", arrancó mostrando sus manos temblorosas...
"Al cambio no lo superé nunca, pero tenía que
laburar porque yo estoy sola con los cuatro pibes. Los tenía
que mantener", relata con los ojos húmedecidos. "Yo
notaba que estaba perdiendo peso; se me caía el pelo, vivía
llorando, pero igual iba. Todo eso era un estado depresivo y yo
no me daba cuenta. Perdí 9 kilos", recuerda Carnevali,
que hoy apenas araña los 45 kilos. Pero un día fue
a sacarse una foto carnet para la empresa y esa fue la primera alerta.
"Tenía los ojos tristes, caídos, la cara chupada
y pálida. Me estaba muriendo en vida", expresa Blanca.
La colectivera temblaba todo el tiempo. Cuenta que llegó
al punto de no poder ni firmar la planilla. Hasta que un día
la persona encargada del control, la vio tan mal que la mandó
al hospital de Gonnet. "En el Hospital me estudiaron un rato
y me sedaron. Después, cuando volví a la empresa a
llevar el certificado médico, uno de los dueños me
dijo que saliera a trabajar porque no tenía choferes. Yo
le dije que sí, pero no estaba consciente... Estaba medio
sedada.
Cuando llegué a diagonal 80 no sabía ni dónde
estaba... No sabía cómo había llegado ahí.
Recién después pensé que fue una animalada
lo que hicieron conmigo". Blanca siguió trabajando.
Pidió días de vacaciones para hacerse estudios. No
le contestaron. Pasados dos o tres meses, un médico de la
ART que revisó a todos los choferes de la empresa, le recomendó
que viera un neurólogo. Le dijo que tenía un estado
de stress muy grande. "Hasta que un día me estallaba
la cabeza y me fui a la clínica. Me medicaron con tranquilizantes
y me dieron seis días de carpeta.
Pero cuando voy a que los médicos de la empresa me autoricen
los días, en la Metropolitan me dicen que estoy apta para
trabajar". Como si fuera poco, el médico de la empresa
le dijo que dejara la medicación. Por prescripción
de su médico, Blanca Carnevali estaba tomando clorazepan,
un medicamento cuyos efectos hacen aconsejable no manejar y que
debe ser abandonado progresivamente. "Yo le dije al de la Metropolitan
que mi médico me había explicado que a esos remedios
hay que dejarlos de a poco. Entonces el tipo me contestó:
'Bueno, cuando mucho tomate una pastillita después de trabajar'".
Blanca, único sostén de su familia, hace 6 meses que
no cobra su sueldo. Tuvo que distribuir a sus hijos en casas de
familiares y amigos porque no tiene cómo mantenerlos. Si
bien le diagnosticaron anorexia nerviosa por stress laboral, la
empresa sigue sin reconocer su carpeta médica. Blanquita
no tiene cómo comprar los medicamentos que le fueron recetados
y sobrevive con la ayuda de los vecinos, amigos y compañeros
de la 518 que en estos días hicieron una colecta. Blanquita
espera, sola en su casa, una respuesta de la justicia.
Desesperanza
Otro de los tantos choferes afectados con el cambio es Julio Fleitas.
Era chofer de la 518. Tenía 6 años de antigüedad
y, por lo tanto, le tocó el traspaso. Fleitas hace varios
años atrás tuvo un accidente y por eso tiene problemas
de salud. Fue operado de las dos piernas y no puede realizar grandes
esfuerzos. Además, cada tanto debe pedir carpeta médica.
En su línea de origen ya estaban acostumbrados y no tenía
problemas. Pero Fleitas después de la reforma fue a parar
a la Línea Siete. "Yo trabajaba en la 518 a la mañana
y acá me mandaron a la noche. Salía a la 1 y media
de la mañana y no tenía micro hasta las 3 para volver
a mi casa. En la 518 estuve 7 años y nunca tuve ningún
problema. Nunca me agarró una infección en las piernas,
como la que tengo ahora, porque me daban un coche livianito de embrague.
A mí se me empeoró el problema cuando entré
en la Siete. Me ahogaba de noche, me agitaba y no podía dormir.
Se me endurecían los brazos y no me salía la voz.
La saludaba a mi nena porque pensé que me iba a morir. Fui
al médico y me dijo que estaba mal por los nervios. Todos
los problemas del cambio que nos hicieron me afectaron", cuenta
Fleitas, quien a los 37 años ya tiene la mirada desesperanzada.
Fleitas actualmente está tomando tranquilizantes y considera
que por su enfermedad nadie volverá a contratarlo.
El caso de
Romerito
Hay un hecho que grafica el desamparo en que se encuentran los trabajadores
del transporte urbano de menor antigüedad. Los choferes que
compartieron sus días en la 518, antes de la reforma, recuerdan
con dolor el caso de Mario Romero, quien había sido traspasado
de la 518 a la 508. Mario trabajó en la 508 hasta el día
de la primavera de 2002. Ese día tuvo un accidente en su
auto y murió. Tenía 35 años. Romero estaba
casado y tenía una hija. A su empleador le corresponde pagarle
una pensión a la viuda. Pero la línea 508 (o EM. 9
de julio I), que lo tenía como chofer en ese momento, no
se hace responsable. Argumenta que era chofer de la 518. La 518
plantea que Romero ya estaba traspasado a la 508. Nadie se hace
cargo, y nadie le paga lo que les corresponde a su esposa e hija.
Frente a esta situación, los únicos que salieron a
enfrentar el problema fueron los ex compañeros de la 518.
Entre varios hicieron una colecta.
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* Se autoriza la reproducción total o parcial del contenido,
citando la fuente y remitiendo un ejemplar de la publicación
a La Pulseada.
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